Reconociendo Su mano

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La misericordia del Señor es de todos los días: la tuvimos ayer, la tenemos hoy y la tendremos mañana. Él siempre tiene Su brazo extendido para rescatarnos,[1] pues siempre ha sido y será nuestro Padre misericordioso, Creador de los cielos y la tierra.[2]

Recuerdo el día cuando venía en un vuelo de Dallas y vi una tormenta eléctrica desde el avión. Me quedé maravillado ante la belleza de aquel espectáculo, tanto que el rey David no me ganaba recitando salmos de exaltación, ohhh, pero cuando entramos a la turbulencia ―¡y vaya turbulencia!― mi ánimo cambió y me asusté tanto que, como decimos en Guatemala, ¡me sentí arralado! Entonces, mis salmos de exaltación cambiaron a salmos que rogaban misericordia. Y aunque trataba de calmar a todos en el avión, diciendo que Él es nuestro refugio, que estaba con nosotros y que todos aterrizaríamos bien, la verdad es que yo también sentía miedo. Al final, afortunadamente, llegamos bien a tierra firme. ¡Casi podría decir que la mano del Señor sostuvo ese avión! Y como esa situación extrema, te aseguro que he vivido muchísimas en las que he visto Su gracia y misericordia obrando en favor de Sus hijos. Su mano poderosa siempre está con nosotros, pero debemos hacer un esfuerzo por reconocerla y agradecerle Su amor.

En la Escritura leemos la historia de Jabes, quien pasó de ser llamado “dolor” a ser un hombre ilustre que destacó.[3] Eso es lo que hace Dios cuando nos recoge del dolor: nos hace ilustres en muchos sentidos. Sabemos de tantos hombres y mujeres que han surgido de orígenes humildes, pero le han creído, lo han recocido como su Señor y Él los ha levantado. Yo me incluyo en esa lista.

Y es que ser amados por nuestro Padre no significa que todos le respondamos de la misma forma, así como ir a la universidad y recibir a la misma clase no significa que seamos igual de estudiosos, o que todos nos desempeñemos con la misma eficiencia solo por trabajar en la misma oficina. ¿Qué es, entonces, lo que volvió a ilustre a Jabes? Invocó al Dios de Israel y confió en el poder de Su mano.[4]

Aunque todos recibimos de la mano del Señor, no todos lo reconocemos; sin embargo, no hay nada que no haya sido dado por Él, así que debemos agradecerle. Sea poco o sea mucho, sean frijoles o sean camarones, Él los proveyó.[5]

Además de ser proveedora, la mano de Dios es salvadora y protectora,[6] nos vivifica en medio de la angustia[7] y tiene cuidado de nosotros[8]. Nunca olvidemos que es Su brazo poderoso el que nos da la victoria.[9] Nuestro Padre es la persona más poderosa del universo, quien lo creó, así que a Su lado, tomados de Su mano, nada debemos temer. La fe debe sostenernos aun en tiempos de angustia.

Todos sabemos que sentir humillación es incómodo, confuso y desesperante, pues nos trae quebranto e incertidumbre; pero si estamos bajo la mano de Dios, Él nos exaltará porque esa es Su promesa. Dile al Señor: “¡Voy a permanecer bajo Tu poderosa mano!” Nada ni nadie podría arrebatarnos de ella[10] porque Su fidelidad y bondad es grande y eterna. ¡Dale gracias por Su misericordia y reconoce que Su mano está contigo!


[1]Salmos 136:11-12: Al que sacó a Israel de en medio de ellos, porque para siempre es su misericordia. Con mano fuerte, y brazo extendido, porque para siempre es su misericordia. Al que dividió el Mar Rojo en partes, porque para siempre es su misericordia; e hizo pasar a Israel por en medio de él, porque para siempre es su misericordia; y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, porque para siempre es su misericordia. Al que pastoreó a su pueblo por el desierto, porque para siempre es su misericordia.

[2]Salmos 136:5:9: Al que hizo los cielos con entendimiento, porque para siempre es su misericordia. Al que extendió la tierra sobre las aguas, porque para siempre es su misericordia. Al que hizo las grandes lumbreras, porque para siempre es su misericordia. El sol para que señorease en el día, porque para siempre es su misericordia. La luna y las estrellas para que señoreasen en la noche, porque para siempre es su misericordia.

[3]1 Crónicas 4:9: Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor.

[4]1 Crónicas 4:10: E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.

[5]1 Crónicas 29:14: Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.

[6] Salmos 144:7: Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hombres extraños.

[7]Salmos 138:7: Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra.

[8] 1 Pedro 5:6-7: Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

[9]Salmos 98:1: Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado, y su santo brazo.

[10]Juan 10:27-28: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

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