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Pequeños sacrificios que liberan coronas

Pequeños sacrificios que liberan coronas

14 de noviembre de 2023

Tiempo de lectura: 3 minutos

La Biblia al referirse a Saúl describe una familia común, sencilla, la menor de la tribu de Benjamín.[1] La Biblia no está hablando de una familia reconocida en la nación, está narrando la historia de una familia común como mi familia, como tu familia. Lo interesante es que Dios toma una familia común para liberar grandes proyectos. Había un gran proyecto dentro de una casa simple. La familia de Saúl nunca imaginó que dentro de su casa había un rey.  Ante las demás personas Saúl era un hombre común, pero para Dios era un rey.

De la misma manera, Dios ha escogido tu casa para esconder un gran proyecto. Dios escogió tu familia para plantar un proyecto del cielo. Dios no te elige por tu dinero, Dios te apartó porque ya te vio caminar por calles de oro. Dios no te sigue por tu popularidad, Dios te ha seleccionado porque encontró un corazón contrito y humillado. El preámbulo pudo ser pobre, pero tu destino es ser un rey, porque el inicio no determina tu destino.

Cuando Dios quiere promover a un hombre, primero lo quiebra. Los grandes empresarios, los hombres que han hecho diferencia en el mundo, experimentaron fracasos. Primero pasaron por decepciones, hicieron todo bien, pero resultó todo mal. Dios, como es un alfarero te quiebra para hacerte un vaso nuevo. Esta familia llevaba una vida tranquila y Dios no solo quebró esa paz también provocó un problema, las asnas se habían perdido.

El problema puede abrir una puerta en el mundo espiritual para cambiarte de nivel. En el mundo espiritual el sacrificio te promueve, en el mundo espiritual perder es ganar, perder te aproxima a la meta y allí es donde Dios te va a sorprender. ¡La sorpresa te viene del cielo! Además, cada vez que Dios quiere cambiar a un hombre lo cambia de geografía. Dios cambia tu geografía espiritual. En la Biblia, los grandes hombres de Dios salieron de su tierra para encontrar un nuevo destino lejos de su lugar de nacimiento, entre ellos Noé, Abraham, Jacob, José, Moisés, Esdras, Daniel, Pablo, entre otros.

Saúl va a buscar las asnas perdidas.[2] Saúl podía decir: yo no necesito pasar por eso, yo soy hijo, manda a unos criados para hacer esto. Era necesario que Saúl pasara por el valle de la humillación, porque cuando Dios quiere promover a un hombre, Dios permite que pase por el valle de la humillación y eso es difícil. Pero el pobre es tomado del polvo y sentado con príncipes y el que se humilla será exaltado. 

Dice la Biblia que Saúl se estaba desanimando porque no encontraba lo que estaba perdido.  En algún momento él pensó en desistir y dijo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará acongojado por nosotros. Cuando iba a volver el joven que estaba con él, le dijo: no mi señor, en esa ciudad hay un profeta. Cuando Dios promueve a alguien siempre le pone a la persona correcta, porque donde está la profecía siempre se hallará la respuesta.  

Cuando Dios quiere activar lo que él colocó dentro de tu familia prepara un encuentro con un profeta. Puede haber un problema, una crisis, persecución, enfermedad o dolor, puede faltar el dinero, pero todavía existe una promesa, hay una palabra, hay un profeta.


[1]1 Samuel 9:21: Saúl respondió y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?

[2]1 Samuel 9:5-: Cuando vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará acongojado por nosotros. Él le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino. Respondió Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué tenemos? Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino.

 

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