Servir voluntariamente

Servir voluntariamente

En mis tiempos de estudiante, recuerdo que todo era obligatorio: los horarios, las actividades y la vestimenta. En la mayoría de los colegios suelen ser muy estrictos con el cumplimiento de las normas. Pero es que cuando tenemos mucha libertad, a veces no sabemos usarla de forma adecuada. La falta de resultados en nuestra vida se debe a la falta de convicciones que nos motivan a actuar incluso cuando no queremos hacerlo. Un ejemplo sencillo podrías verlo si le preguntas a tus hijos: “¿Quieren hacer limpieza?” “¿Quieren ir al colegio?” “¿Quieren comer verduras?” La gran mayoría responderá que no, pero si como padres les diéramos la libertad de hacer lo que quieran, estaríamos criando personas sin disciplina, sin preparación y sin buenos hábitos.

Cuando tienes fuerza de voluntad para hacer algo que no deseas, fortaleces tu carácter. Te motivo a aplicar esta capacidad en todas las áreas de tu vida, a ofrecer voluntariamente tu servicio así como el pueblo de Dios lo hizo.[1] El verdadero ofrecimiento voluntario consiste en decirle al Señor: “¡Heme aquí!”, sin ninguna condición de por medio.

La Biblia, es un libro de voluntarios que constantemente ofrecieron su servicio a Dios y a las personas. ¡En una ocasión se narra que cinco hombres reunieron a 1 millón 160 mil voluntarios![2] Es impresionante el orden y capacidad de liderazgo que alguien debe tener para reunir a tantas personas dispuestas a servir.

Todo voluntario debe ser valiente, esforzado y, sobre todo, debe aprender a seguir a otro voluntario. No hay voluntariado sin estructura, reglas y normas. ¡Agradece y bendice el nombre de Dios por cada persona que se ofrece voluntariamente a servirlo![3]

Recuerdo a una hermana de la iglesia que decía muchas malas palabras y le gustaba fumar. Su comportamiento no era el más ejemplar, pero esto no era impedimento para que ella compartiera de Jesús. ¡Su capacidad evangelística era envidiable! Y al analizar este caso uno solo puede atribuir este fenómeno a la gracia y misericordia de Dios. No puedes esperar a ser perfecto para servir, más bien dispón tu corazón y encontrarás un espacio para ofrecer tus dones y talentos a Dios y a las personas.

Jesús, siendo el Rey de reyes y Señor de señores, lo que hizo al venir a la tierra fue servir  porque hacerlo es de señores y no necesariamente de sirvientes. Si quieres seguir su ejemplo, aprende a servir en todo momento y lugar.[4] Si te habitúas a servir a Dios provocas que ángeles se pongan a tu servicio.[5] El servicio no es negociable, sin importar a quién decidamos servir. Al hacerlo reconocemos el señorío de Dios en nuestra vida.[6]

La confianza de Sadrac, Mesac y Abed-nego se fortaleció porque ellos le servían a Dios y al hacerlo reconocían el señorío de Él sobre sus vidas.[7] Definitivamente no hubiera sido la misma confianza si ellos no hubieran estado sirviendo. Es por eso que debemos aprender a ofrecer nuestro servicio a Dios con todas nuestras fuerzas y recursos.[8] David por decisión propia realizó proezas que nadie le pidió y esa fidelidad en lo poco fue lo que lo llevó a gobernar. Un buen ejemplo de un acto voluntario es el que llevamos a cabo con nuestros diezmos y ofrendas: uno es mandamiento de Dios que muestra nuestra obediencia, y el otro, una oportunidad de manifestarle la voluntad de nuestro corazón.

Después de veinticinco años de pastorear en Casa de Dios y veinte de Noches de Gloria, no puedo negar que me he agotado sirviendo, pero debemos reponer fuerzas mentales, emocionales y físicas y seguir sirviéndole hasta que Él venga. Ser hijos de Dios es una de las bendiciones más grandes, y ofrecerle nuestro servicio, una de las mejores muestras de agradecimiento. Conviértete en un hijo que sirve a su Padre[9] y sirve donde quiera que se abra una puerta.


[1] Salmos 110:1-3: Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; Domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, En la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora Tienes tú el rocío de tu juventud.

[2]  2 Crónicas 17:12-19: Iba, pues, Josafat engrandeciéndose mucho; y edificó en Judá fortalezas y ciudades de aprovisionamiento. Tuvo muchas provisiones en las ciudades de Judá, y hombres de guerra muy valientes en Jerusalén. Y este es el número de ellos según sus casas paternas: de los jefes de los millares de Judá, el general Adnas, y con él trescientos mil hombres muy esforzados. Después de él, el jefe Johanán, y con él doscientos ochenta mil. Tras éste, Amasías hijo de Zicri, el cual se había ofrecido voluntariamente a Jehová, y con él doscientos mil hombres valientes. De Benjamín, Eliada, hombre muy valeroso, y con él doscientos mil armados de arco y escudo. Tras éste, Jozabad, y con él ciento ochenta mil dispuestos para la guerra. Estos eran siervos del rey, sin los que el rey había puesto en las ciudades fortificadas en todo Judá.

[3] Jueces 5:1-2 (NVI): Aquel día Débora y Barac hijo de Abinoán entonaron este canto: «Cuando los príncipes de Israel toman el mando, cuando el pueblo se ofrece voluntariamente, ¡bendito sea el Señor!

[4] Marcos 10:45: Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

[5] Mateo 4:8-11: Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

[6] Josué 24:15-16: Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová. Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses.

[7] Daniel 3:15-18: Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.

[8] Lucas 8:3 (NVI): Juana, esposa de Cuza, el administrador de Herodes; Susana y muchas más que los ayudaban con sus propios recursos.

[9] Malaquías 3:16-18: Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que pea a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

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