En esta serie aprendemos que amar es compartir con los demás. Bendecir a otros es usar la bendición que portamos. Por eso Dios está interesado en bendecirnos, así puede usarnos para bendecir a otros, y al hacerlo, le estamos dando un propósito a nuestras bendiciones.
En consecuencia, este mensaje está dirigido a fortalecer tu identidad y tu propósito de vida, porque la bendición es una identidad en la mente y el corazón y su propósito es que sea impartida a alguien más. La escritura dice que Cristo anuló la maldición que había en contra de nosotros, y en su lugar activó la bendición para hacernos de bendición a otros.[1]
Por tanto, las maldiciones generacionales quedaron anuladas por Cristo y no repetiremos sus patrones de enfermedad o de cualquier otra índole. Su Palabra llega hasta la médula ósea, donde se está formando nuestra sangre. Ahora nuestro ADN tiene la sangre de Cristo, porque Cristo vino a conectarnos con la bendición que Dios le había dado a Abraham. El Espíritu Santo es el sello de que somos portadores de esta bendición. Cristo anuló la maldición y envió al Espíritu Santo para que viviera contigo. Tú eres bendito por causa de la presencia de Dios.
Cuando Dios bendijo a Abraham, no estaba considerándole solo a él; Dios estaba pensando en todas las familias de la tierra.[2] Tú y tu familia son una bendición cuyo propósito es ser impartida a alguien más. Porque cuando Dios quiere bendecir a alguien, utiliza a un bendecido. Y al decir esto, no es para animarte, es para que recuerdes tu identidad.
No confundas bendiciones con bendición. Las bendiciones van y vienen, pero la bendición permanece para siempre. “La bendición de Dios está en la casa de los justos”, porque somos bendición y el bendecido vive para ser usado por Dios. El bendecido sabe que en cualquier momento Dios lo sorprende dándole algo para otros.
Por consiguiente, la mentalidad de un bendecido es vivir con las manos abiertas sin decir «esto es mío», porque lo que recibe es para alguien más. De esa manera, Dios te vuelve a dar más, porque el bendecido es un administrador de los bienes de Dios, quien es el dueño de todo. El bendecido administra los milagros de otros, porque sabe que lo que tiene es porque alguien más lo está necesitando.
Tu boca y tus manos tienen un milagro para alguien. Jesús hacía milagros con sus manos abiertas. Bendita la gente que se conecte contigo. Cerca de ti existe gente gritando: ¡Dios! Y tú le vas a decir, diciendo: yo represento a ese Dios. Yo te vengo a bendecir. Yo te vengo a ayudar. Dios unge tus manos y tu boca para hacer milagros.
Ahora no somos bendecidos por tener algo, somos bendecidos por vivir dando algo. Jesús fue bendito porque dando fue como vino a bendecir. Así somos los hijos de Dios. Entendemos que el propósito de la bendición es la capacidad de bendecir. Cuando Dios da la bendición, nadie puede revocarla.[3] Hace dos mil años, en la cruz del Calvario hubo una bendición que nada, ni nadie, la puede revocar. Por eso, los hijos de Dios tenemos autoridad espiritual para bendecir a otros.
Es fácil bendecir a los que nos bendicen, pero Dios nos manda bendecir a quienes nos persiguen.[4] “Bendecid y no maldigáis”. La serpiente muerde, pero el veneno seguirá en ella. Cada vez que maldices, el veneno se queda contigo. Desahógate con Dios, pero si vas a abrir tu boca, es para bendecir. Por ello, cuando bendices a alguien, la bendición se queda contigo. Ve y dale a alguien de lo que Dios te ha dado, porque tú eres bendición.
Tú sabes que tener un pastor es tener una bendición constante en nuestras vidas. Quien tiene un pastor tiene alguien que lo bendiga. Cada vez que el pastor se para aquí y entrega la Palabra de Dios, te está bendiciendo. Tu pastor dice: «Te irá bien. Esta será una semana bendecida. Todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Mayor es el que está contigo que el que está en el mundo. Dios proveerá todo lo que te haga falta». Quien tiene un pastor en su vida tiene alguien que lo vive bendiciendo. La bendición que se suelta en el altar será la bendición que entrará en tu hogar.
El sacerdote Melquisedec que representa a Cristo, salió a recibir a Abraham para bendecirlo.[5] Por 40 años, Moisés se paró a bendecir al pueblo de Israel en la mañana y en la noche. Israel venía de 430 años de vivir bajo la maldición de faraón en la peor esclavitud. Nacían generaciones esclavas, morían generaciones esclavas. Nacían generaciones en maldición, morían generaciones en maldición.
Y cada vez que Moisés se paraba y les daba la bendición sacerdotal, estaba anulando y cancelando aquellas maldiciones en el pueblo de Israel. Y lo segundo, el pueblo de Israel vivía en el desierto por 40 años. En un desierto no se siembra ni se cosecha. En un desierto no se puede hacer ropa, no se puede hacer calzado, pero nada de eso les hizo falta.
Entonces, Moisés se paraba frente al pueblo y les decía: «Que Jehová te bendiga y te guarde. Jehová, haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia. Que Jehová alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz.[6] Y eso se repitió por 40 años en el desierto.
Por causa de esta Palabra, declaramos que el fin de tu desierto ha llegado porque Dios te saca en el poder del Espíritu Santo para ir a bendecir al prójimo, para ir a bendecir amigos. Te declaro un agente de bendición para tu nación.
Además, eres bendecido para bendecir a Dios en todo tiempo.[7] Entonces, bendices a Dios de dos formas, adorándolo y ayudando a aquellos necesitados que no se congregan. Tú honras a Dios levantándole las manos a Él, pero honras a Dios levantándole las manos al caído.
Cuando Dios nos bendice, Él cambia de mano, así como la bendición de Dios era para Esaú, pero la recibió Jacob, la bendición de Efraín era para Rubén, pero cambió porque deshonró a Dios; hay bendiciones que van a cambiar de mano en los próximos días. Porque lo que otros desprecian cambiará a tu favor y recibirás sus bendiciones, como lo señala el libro de Proverbios.[8] Lo que era de Saúl terminó en manos de David. Quienes dan la espalda a Dios pierden las bendiciones que pasarán a los hijos de Dios y eso se llama transferencia. Tu bendición pasará a las siguientes generaciones y no cambiará de manos.
Finalmente, la bendición de tu identidad se prueba en los momentos difíciles de la vida. Si aprendes a enfrentar el proceso, descubres que, cuando Dios pone Su mano sobre ti, lo que estaba atrás, Dios lo pone adelante; quien no era nada, será el que Dios levante y, si carecía de bienes, será el que los reciba.[9] Porque sabes que eres bendición, sales adelante en cada circunstancia y los milagros te alcanzan porque Dios te bendice para bendecir a muchas personas.
[1]Gálatas 3:13 (RVR1960): Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), 14para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.
[2]Génesis 12:3 (RVR1960): Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
[3]Números 23:20 (RVR1960): He aquí, he recibido orden de bendecir; El dio bendición, y no podré revocarla.
[4]Romanos 12:14 (RVR1960): Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.
[5]Hebreos 7:1-2 (RVR1960): Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo. 2 A quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz.
[6]Números 6:24 (RVR1960): Jehová te bendiga, y te guarde; 25Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.
[7]Salmo 34:1 (RVR1960): Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca.
[8]Proverbios 13:22 (NTV): La gente buena deja una herencia a sus nietos, pero la riqueza de los pecadores pasa a manos de los justos.
[9]Salmos 139:5 (NTV): Vas delante y detrás de mí. Pones tu mano de bendición sobre mi cabeza.
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