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Casa de Dios

La oración que puede mucho

Pastor Cash Luna

24 de marzo de 2026

Tiempo de lectura: 6 minutos

Comparto este tema en medio de la serie de generosidad, porque Dios ha sido tan generoso que nos regaló la vida eterna. “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna”. Cuando la Biblia habla de dones, se refiere a regalos diarios que Dios nos otorga por Su misericordia, como los dones del Espíritu Santo. ¿Sabías que hay un regalo que Dios nos da cada mañana? Se llaman nuevas neuronas. Mientras duermes, tu cerebro produce nuevas neuronas que a la mañana siguiente están disponibles para usarlas en tu transformación por medio de la renovación del pensamiento.

Levántate cada mañana y lee, reflexiona sobre lo que leíste, adora a Dios, ora y pídele a Él, medita e imagina; si haces estas seis cosas cada mañana, tu vida será diferente. No puedes levantarte cada mañana pensando que tu vida será mejor, aunque lo desees, sin hacer nada.

Lo que quiero decir es que Dios escucha nuestra oración, entonces hay que orar.

Ora fervientemente

Santiago, el apóstol, enseña que si alguno está afligido, haga oración. Agrega que dos personas que se hayan ofendido, si se ponen en paz, pueden orar el uno por el otro y se sanan. Porque si te quedas solo con llamar al anciano, te pierdes la bendición de que ore por ti otro hermano. Por consiguiente, la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.[1] En consecuencia, es crucial orar a Dios y saber cómo se hace en forma objetiva, porque el éxito espiritual no es casualidad. La oración eficaz produce el resultado esperado, pues fe es la certeza de lo que se espera.

Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras. Elías era vulnerable, tenía defectos, pasiones semejantes a las nuestras y oró fervientemente a Dios. Orar fervientemente a Dios significa hacer alusión a algo con pasión, ardor, fogosidad, vehemencia, entusiasmo, exaltación, efervescencia, excitación, enardecimiento y acaloramiento; por eso, Elías oró fervientemente.

La oración fervientemente provoca que muestres que estás plenamente convencido de que la respuesta a tu causa vendrá. Si ya nos parecemos a Elías en pasiones, ahora es tiempo de parecernos en las oraciones para alcanzar la eficacia. Si oras en voz alta o gritas, confiesa: ¡Padre, gracias por sacarme de esta situación! Tú eres mi defensa, no se ha inventado el arma que pueda contra mí; condena toda lengua que se levante en contra de mí en juicio, tú harás prosperar mi camino, se van a abrir las puertas, eso viene ahora mismo y gracias por sanarme. ¡Así es como se ora fervientemente!

La oración eficaz tiene recompensa pública

Cuando oramos en lo privado, la recompensa se va a notar delante de todos.[2] La gente te va a decir: «¿Y qué hiciste?» ¿Qué pasó, cómo lo lograste? Jesús nos enseñó a orar siempre sin desmayar[3], diciendo: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.[4]

En la arquitectura de la oración recordamos que Dios tiene varios nombres compuestos en el idioma hebreo, tales como: Jehová Tsidkenu, que quiere decir «Dios es nuestra justicia», quien nos justifica mediante la fe[5]. Jehová M’Kaddesh, quien santifica.[6] Jehová Shalom, Dios es nuestra paz[7]. Jehová Sama, Dios está presente[8]; Jehová Rapha, Dios nuestro sanador[9]; Jehová Jihré, Dios es nuestro proveedor[10]; Jehová Nissi, Dios es nuestra bandera, nuestro estandarte a la hora de la guerra[11]. Jehová Rohi, Dios es nuestro pastor[12].

Oramos como hijos adoptados por Dios

Todos somos criaturas de Dios. No obstante, hijos de Dios somos todos aquellos que nos hemos dejado adoptar, por eso recibimos el Espíritu como hijos de Dios que clama: Abba Padre, que traducido al español significa “Papito”[13]. El Espíritu Santo quiere que clamemos “Papito”. Jesús fue hijo natural del Espíritu de Dios. Él lo engendró en María, pero fue hijo adoptivo de José. Nosotros somos hijos naturales de nuestro Padre Dios. La diferencia es que si tú adoptas un niño hoy, le puedes dar tu apellido, le puedes dar provisión y educación, pero no le puedes dar tu sangre.

Sin embargo, Dios, cuando nos adopta como hijos, sí nos puede dar su Santo Espíritu. Hay una gran diferencia; dice la Biblia que nos hizo participantes de la naturaleza divina. Dentro de ti hay algo de la naturaleza divina, que es el Espíritu de Dios morando en ti.[14] Por lo tanto, si Dios nos dio de su naturaleza cuando nacimos de nuevo, debemos vivir lo más que podamos en esa nueva naturaleza.

Jesús enseña cómo orar al Padre

Jesús dice: «Cuando ustedes oren, háganlo de esta manera: Padre nuestro». Jesús siempre decía: Mi Padre, vuestro Padre, y cuando oren, digan: «Padre nuestro». Si tú naciste de nuevo, le perteneces a Dios porque Él te compró con Su sangre; eres pertenencia de Dios; pero si Él te adoptó, Él es pertenencia tuya: es tu Padre. Quiere decir que, de todas tus pertenencias, la más bella, la más importante y la más poderosa es Dios, porque es tu Padre.

Cuando Jesús resucita, les dice: «Ve a tus hermanos y diles: subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios»[15]. Observa esto: Jesús siempre le dijo a Dios: Padre. Yo hago las cosas que veo hacer a mi Padre. La voluntad de mi Padre es que acabe Su obra. Cuando Jesús llega a estar en Getsemaní, vivía una agonía suprema. En el peor momento, desde su emoción, le dice: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Jesús había dicho: «Padre, si puede pasar esta copa de mí, hazlo, pero si no, que se haga tu voluntad» Y en ese momento, reacciona y, antes de morir, ya no le vuelve a decir Dios… le dice: ¡Padre! Confío plenamente en ti, llegó la hora: en tus manos encomiendo mi espíritu.

En consecuencia, tú le llamas Padre cuando estás en un estado de confianza total, sin importar lo que pase, porque es tu Padre y no te va a abandonar jamás. Lo que sirve delante de Dios es la confianza plena de un hijo en su Padre. En un Padre que es todopoderoso. Jesús les dijo en el Getsemaní: «Si le pido a mi Padre una legión de ángeles, me la daría».

Finalmente, espero que mejores tu oración y puedas decir: “Oraré a mi Padre, cerrada la puerta, seré eficaz y oraré fervientemente, nada me será imposible. Amén.

Referencias

[1]Santiago 5:13-18 (RVR1960): ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. 14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. 16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. 17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

[2]Mateo 6:5-8 (RVR1960): Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

[3]Lucas 11:1 (RVR1960): Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.

[4]Mateo 6:8-13 (RVR1960): Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

[5]Jeremías 23:6 (RVR1960): En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra.

[6]Levítico 20:26 (RVR1960): Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.

[7]Jueces 6:24 (RVR1960): Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.

[8]Ezequiel 48:35 (RVR1960): En derredor tendrá dieciocho mil cañas. Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-sama.

[9]Éxodo 15:26 (RVR1960): Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.

[10]Génesis 22:14 (RVR1960): Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

[11]Éxodo 17:15 (RVR1960): Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi;

[12]Salmos 23:1 (RVR1960): Jehová es mi pastor; nada me faltará.

[13] Romanos 8:15 (RVR1960): Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

[14]Gálatas 4:4-7 (RVR1960): Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. 6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! 7 Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

[15] Juan 20:16-17 (RVR1960): Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡ Raboni !  (que quiere decir, Maestro). 17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

 

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