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Casa de Dios

Libres para soñar

Pastor Cash Luna

22 de enero de 2026

Tiempo de lectura: 6 minutos

Vivimos en medio de una tensión real: por un lado queremos agradar a Dios; por otro, tenemos anhelos, metas y aspiraciones personales. Solemos confundirnos al pensar que estos anhelos son mutuamente excluyentes. Una de las discusiones más comunes gira alrededor de la interrogante: ¿Está bien soñar? O esta otra: ¿Seguir a Jesús significa vivir “adormecidos” en la Tierra, sin deseos, sin ambición, sin proyectos?

Muchas veces pasamos por alto los significados reales de las palabras cuando estudiamos las Escrituras y esa falta de precisión nos hace malinterpretar muchas cosas. Por ejemplo, cuando alguien tiene un sueño legítimo (levantar una empresa, dar empleo, crecer económicamente) y alguien más le dice que eso no es de Dios; pero si ese mismo dinero llegara regalado, ¡sin duda muchos estarían en primera fila para recibirlo! Entonces ¿es malo desear prosperar? ¿O lo malo es la motivación, el método o el lugar que eso ocupa en el corazón?

Esa dualidad gobierna a demasiadas personas: por fuera quieren “hacer lo correcto”, pero por dentro viven confundidas, sintiéndose culpables por soñar o frustradas por renunciar a lo que aman. La cuestión clave está en cómo saber si nuestro sueño es favorecido por Dios, sea este material, espiritual, físico, mental, deportivo o de cualquier otra índole.

Tres filtros para saber si un sueño está favorecido por Dios  

1) ¿Mi sueño es contrario a los mandamientos de Dios?

Este primer filtro es básico pero imprescindible. Dios no respalda algo que contradiga Su carácter. Si el sueño requiere mentir, abusar, manipular o pisotear principios bíblicos, no importa cuán beneficioso sea porque no es un sueño que Él vaya a favorecer.

2) ¿Mi sueño favorece o bendice a alguien más?

Dios no nos llama a vivir encerrados en el “yo”. Un sueño que solo nos beneficia individualmente y a nadie más está más cerca del egoísmo y, con el tiempo, se inclina peligrosamente hacia la avaricia. En cambio, cuando un sueño bendice a otros (familia, comunidad, empleados, iglesia, ciudad) se vuelve un canal del propósito divino.

3) ¿Este sueño me bendice a mí también?

Este punto es crucial porque hay sueños que se ven bien por fuera, pero por dentro nos destruyen. Si para cumplirlo te pierdes a ti mismo (tu salud, tu familia, tu fe, tu paz interior), entonces seguramente no proviene de Dios. El Señor no te llama a ganar “cosas” a cambio de perder tu alma.

Un sueño alineado con Dios no solo produce fruto externo: también guarda tu corazón. Te edifica, te forma y te vuelve más íntegro. [1] No te exige convertirte en alguien que traiciona su esencia.

Israel y los setenta años: cuando no respetar el reposo esclaviza

¿Qué le pasó a Israel? ¿Por qué estuvo cautiva durante setenta años en Babilonia? No fue por una falta inmoral escandalosa, sino por algo que parece “sencillo”: no respetaron la ley del reposo. Durante 490 años ignoraron el principio que dice “seis años trabajarás la tierra y uno la dejarás reposar”. El resultado matemático es impactante: por cada siete años debían uno de descanso. 490 años acumulados dan 70 años. Dios los trasladó a otra tierra y forzó a la tierra a descansar. [2]

Esto revela un principio espiritual profundo: cuando ignoramos el reposo, terminamos pagando el precio en cautiverio. Dios nos manda descansar un día a la semana y este puede variar según tu ritmo laboral, pero lo importante es respetar el principio. Cuando no descansamos, el cuerpo se resiente, la mente se agota y el alma se opaca. Entramos en un estado de burnout.

Dios nos libera del cautiverio para que podamos volver a soñar. Si creemos que Él nos hizo libres, ¿por qué no soñar? [3] No tiene sentido que la corona de la creación tenga prohibido soñar. Al contrario: el sueño sano suele florecer cuando el corazón vuelve a respirar libertad.

Dios no solo rompe cadenas externas: también sana lo interno

Hay cautiverios visibles y también invisibles. A veces Dios nos saca de una opresión externa, pero también quiere arrancar la raíz que nos llevó ese punto [4] porque aunque podamos salir de Babilonia, podríamos seguir viviendo mentalmente como esclavos. Podemos dejar un lugar, pero mantener los hábitos. Podemos cambiar de ambiente, pero no de corazón.

Por eso si no valoramos el cuerpo entramos en esclavitudes: azúcar, adicciones y otros hábitos dañinos. La tierra da señales, el cuerpo también. Y es duro ver que muchos se quejan de lo que pasa alrededor, pero no cuidan lo propio: su vida, su cuerpo, su mente y su espíritu.

Sueños tan hermosos como la libertad

Nuestros sueños serán tan hermosos según cuán libres seamos. Porque el cautiverio reduce el horizonte. La esclavitud mental nubla la perspectiva y mengua la fe. Y cuando una persona vive encadenada (por vicios, ansiedad, culpa o idolatría), soñar se vuelve difícil. ¿Qué sueño puede sostener alguien que vive una pesadilla?

No fuimos diseñados por Dios para vivir cautivos, sino para vivir libres. Por eso envió a Su Hijo para liberarnos y darnos vida abundante, plena y eterna. [5]

Cinco pecados comunes que llevan al cautiverio

1) El orgullo

El orgullo es una cárcel silenciosa: no pedir perdón, no perdonar… eso nos encierra en una prisión. Y si Dios es quien libera, pero el orgulloso vive lejos de Él, ¿cuándo va a salir del cautiverio? [6] La solución empieza siendo humildes. [7]

2) La idolatría

La idolatría es cuando algo o alguien ocupa el lugar que solo Dios merece. Y aunque promete libertad, produce esclavitud. [8] Cuando Dios vuelve al centro, todo lo demás encuentra su lugar. Ese orden sana el corazón. [9]

Timothy Keller dijo: “Un ídolo es cualquier cosa más importante para ti que Dios”.

3) La avaricia

La avaricia siempre quiere más y nunca se sacia. Por eso la solución bíblica no es solo “querer menos”, sino practicar lo contrario: generosidad y buscar primero el reino de Dios. [10][11].

John Wesley dijo: “Gana todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas y da todo lo que puedas”. La única manera de combatir la avaricia se llama generosidad”.

4) La lujuria

La lujuria promete placer, pero produce vergüenza, culpa y esclavitud interior. [12] Y la Biblia no llama a negociar con la lujuria, sino a huir. La libertad no es ausencia de deseos; es tener deseos redimidos por Dios. [13]

5) La incredulidad

La incredulidad nos puede privar de ver el cumplimiento de las promesas. [14] Por eso las Escrituras nos invitan a vivir por fe. [15] La fe abre puertas que la lógica por sí sola no puede abrir.

La libertad es el terreno donde nacen sueños sanos: sueños que no contradicen la Palabra, sino que bendicen a otros y que no te destruyen por dentro.

Confiemos en Dios y dejemos que Él nos libere del cautiverio; porque cuando Él rompe cadenas, el corazón vuelve a respirar y entonces sí: podemos soñar alineados a Su voluntad.

Referencias

[1] Proverbios 10:22 (RVR1960): La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella.
[2] Jeremías 29:4-7 (RVR1960): Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz. 
[3] Salmos 123:1-3 (RVR1960): Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres
[4] Salmos 123:4-6 (RVR1960):  4 Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová, Como los arroyos del Neguev. Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
[5] Isaías 61:1 (RVR1960): El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.
[6] Proverbios 16:18 (RVR1960): 18 Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu.
[7] 1 Pedro 5:6 (RVR1960): Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.
[8] Salmos 81:12 (RVR1960): 12 Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos.
[9] Deuteronomio 6:5 (RVR1960): Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
[10] 1 Timoteo 6:10 (RVR1960): 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
[11] Mateo 6:33 (RVR1960): 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
[12] Santiago 1:14 (RVR1960): 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.
[13] 1 Corintios 6:18-20 (RVR1960): 18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. 19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
[14] Hebreos 3:16-19 (RVR1960): 16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? 17 ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.
[15] Habacuc 2:4 (RVR1960): He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.

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