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Casa de Dios

Los obstáculos de Dios

Pastor Cash Luna

07 de abril de 2026

Tiempo de lectura: 6 minutos

La Biblia dice que el hombre de doble ánimo no puede recibir algo de parte de Dios.[1] Entonces pregunto, ¿de qué ánimo estás? El problema es que cuando nosotros pedimos a Dios, muchas veces lo hacemos con un doble ánimo.

Tenemos el ánimo para querer un milagro, una provisión, algo de parte de Dios, pero a la vez tenemos el ánimo para pensar: no lo merezco, no tiene por qué hacerlo, mejor cuando Dios diga. Así empezamos a permitir los dardos de duda del enemigo, de los que tenemos que defendernos con el escudo de la fe. Recuerda que fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Abraham recibió el milagro de engendrar un hijo más o menos a sus 100 años. Eso de verdad es un prodigio, porque no fue obra del Espíritu Santo sobre Sara, fue engendrado por Abraham. La escritura dice que Abraham, al considerar su cuerpo, estaba como muerto[2]. Es decir que sí lo consideró, pero no se debilitó en la fe, sino que se esforzó para llegar a obtener aquello que Dios le había prometido.

El problema del doble ánimo

Entonces, ¿qué sucede? Sobre todo con las enfermedades, cuando consideramos el cuerpo tal como está. Cuando se procura orientar la fe a que algo pase, empieza el diálogo: “Es que usted no sabe”. “Es que si usted supiera, es que usted no sufre esto”. No, no, no, no. Tampoco el médico o el abogado que visites lo sabe. Entonces, ¿qué es un doble ánimo? El doblado ánimo viene normalmente de esa educación con falsa humildad que tenemos.

Eso no te permite ser claro con lo que deseas. Te da pena pedir el milagro. Es algo cultural pedir permiso para todo. Se habla con diminutivos y se piden disculpas por todo. El problema es que a veces no somos claros sobre qué queremos, pero no podemos orar así porque Dios no tiene nuestra cultura.  

Cómo sanaba Jesús a los enfermos

Jesús era especial para sanar a los enfermos. Le llevaron un ciego diciendo: “Señor, ¿puedes sanarlo poniendo tus manos encima?” No, dijo y lo jaló, luego escupió y la gente podría decir: ¡Qué modales! Sí, Jesús escupió… hizo lodo, lo puso en los ojos y dijo: “Ve al estanque y lávate”. Podrían decir el Señor está abusando de su autoridad, pero el ciego necesitado se fue a lavar y regresó viendo.[3] ¡Gloria a Dios!

De ahí le llevaron un sordomudo. Y le dijeron: “Señor, ¿puedes poner tus manos sobre él para sanarlo?” No, dijo Jesús y le metió los dedos en las orejas y puso saliva en su boca.[4] Recuerda, no es el Jesús que te imaginas, es el Jesús de las Escrituras. Llegaban los leprosos diciendo: Señor, ten misericordia y les respondía: “Vayan al sacerdote y muéstrense para comprobar que están sanos”.[5] Jesús es muy especial para hacer los milagros, pero si no sabes lo que quieres, ¿cómo se lo vas a pedir?

Tienes que decir quiero ser sano. Ya no aguanto esto. No lo quiero más en mi cuerpo. Yo quiero caminar bien, quiero escuchar bien, quiero sentir bien y quiero comer bien. ¿Por qué no podemos expresar lo que queremos?

Una mujer hizo que Dios cambiara las cosas y Jesús dijera: “Que se haga lo que tú quieras”. Pero nosotros somos a la inversa. Lo que Dios quiera y no sabes qué quiere. Si no sabes qué quiere Dios y dices que sea lo Dios quiera. ¿Cómo saber que Dios contesta si no estás claro en lo que estás pidiendo? Entonces nos volvemos ambiguos en la fe y eso es un grave peligro.

Una mujer que no era judía, de la región cananea, se acercó a Jesús y clamaba diciendo: “Señor, hijo de David, ten misericordia de mí. Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”.[7] El primer problema es que ella clamaba y Jesús no le respondió. Pero Jesús sí respondió, en su tiempo, porque Él responde a la fe. Cuando esta mujer llegó con su necesidad, decía: “Ten misericordia de mí”. Pero su fe aún no estaba activada al máximo para obtener el milagro. Entonces, dice la escritura que llegaron los apóstoles y dijeron: “Señor, despide a esta mujer que da voces tras nosotros, nos es molesta”. Y Jesús dice: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de Israel”.

Después del segundo ‘no’ que le dio Jesús, ella se postra, lo adora y dice: “Ten misericordia de mí”. Jesús le dice: “No, no está bien darles la comida de los hijos a los perrillos”. Y ella contesta: “Sí, Señor, pero los perrillos comen de la mesa de sus amos”. Y entonces Jesús declara: “Grande es tu fe, mujer, que se haga con tu hija como tú quieras”.

Jesús le regresó la responsabilidad a la mujer cananea, pero hoy te la regresa Jesús a ti; Él va a hacer el milagro contigo como tú quieras. Tú dices que sea como Dios quiera. Y Dios te dice: Pongámonos de acuerdo, ya has dicho que sea como Dios quiere y Yo estoy afirmando que será como tú quieres, y ni siquiera sabes qué quieres.

Dios de certezas y no de dudas

Recuerda, Dios nunca duda y no habla con los que tienen dudas, habla con los que tienen certeza. Por eso empecé esta enseñanza diciendo: ¿Qué quieres? Pero que de verdad lo quieras, que lo desees con todas las fuerzas de tu corazón. Cuando vienes delante de Dios, debes hacerlo con todas las ganas. ¿Tienes ganas de ser sano hoy? ¡Serás sano! ¿Qué le dijo Jesús a la mujer? Hágase contigo como tú quieras. En consecuencia, si Dios se te aparece hoy y dice: “Pide lo que quieras”. ¿Cuántos de ustedes tienen más de una cosa que quisieran que Dios les dé? Ahora sí, están levantando rápido la mano. Estamos hablando con gente que tiene fe. Confiesa conmigo: ¡Quiero mi milagro y lo deseo con todo mi corazón! Amén.

Siempre que pidas algo a Dios, haz tu oración con ganas, sin ser ambiguo. Cuando uno es ambiguo, no puede recibir nada de Dios. Y te lo voy a ampliar, no puedes recibir nada, ni siquiera de ti mismo, porque tu subconsciente no entiende qué quieres. Por lo tanto, querer algo a medias significa que también quieres a medias otra cosa. Si dices quiero ser sano, pero no, tal vez ya es tiempo de que me vaya con el Señor. Te vas a quedar en medio y estás perdido en el espacio.

Finalmente, el apóstol Juan asegura: “Amado, Yo deseo que seas prosperado en todo y tengas salud”.[7] Y este día, una jovencita tuvo una visión; vio a los ángeles entrar con unas grandes jarras de aceite y empezaron a ungir a todos para que sean sanos. ¡Reciban su milagro! Amén. 

Referencias

[1]Santiago 1:6-8 (RVR1960): Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

 [2]Romanos 4:18-21 (RVR1960): Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. 19 Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. 20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 21plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; 

[3]Juan 9:6-7 (RVR1960): Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.

[4]Marcos 7:33 (RVR1960): Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua;

[5]Lucas 17:12-14 (RVR1960):  Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.

[6]Mateo 15:22-28 (RVR1960):  Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. 23Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. 24Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! 26Respondiendo él dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

[7]3 de Juan 1:2 (RVR1960): Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

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