La problemática de ser bendecido y no hacer lo correcto con esa bendición muestra un corazón inconstante, como lo expresa el profeta Oseas a Israel. Cuando el corazón está en dos partes y no te decides por una sola opción, mantienes un corazón dividido. Procurar quedar bien con ambas partes es una conducta que se puede ver desde la infancia hasta nuestros días.
La advertencia profética de Oseas es porque hay abundantes cosechas, pero se han levantado altares que denotan idolatría. [1] El corazón tiende a levantar otros primeros lugares antes que Dios y eso siempre ha ocurrido. Adán tomó del fruto porque su corazón buscaba ponerse por encima de Dios, al definir el bien y el mal por su propia justicia. El Espíritu Santo enseña que Dios ocupa el primer lugar en nuestro corazón y agrega qué podemos hacer cuando el corazón se divide.
La Biblia dice que, tanto Dan como Simeón, en repetidas ocasiones, fueron infieles sin arrepentimiento. Dan tuvo un corazón dividido y, aunque no negó a Dios, jugó con dos dioses y eso es idolatría, según Jueces 18; lo mismo ocurrió con Simeón, citado en Números 25. A lo largo de la Biblia se mencionan estas 12 tribus, pero Simeón no aparece en la bendición de Moisés y Dan no aparece entre los tronos de las tribus que cita Juan en Apocalipsis, es decir, que ambos quedaron excluidos por causa de su idolatría.
Los cinco pecados que más se repiten en la Biblia son la idolatría, que compromete nuestra adoración; la injusticia y opresión que afecta nuestro amor al prójimo; el orgullo compromete nuestra dependencia de Dios; la inmoralidad sexual afecta nuestra santidad; la mentira y el engaño que dañan nuestra integridad. En esta ocasión se aborda el tema de la idolatría.
El problema de Israel era que tenía un corazón dividido. Nosotros también tenemos la misma condición hasta el día de hoy. Aunque Jesús dijo que no podemos servir a dos señores, a Dios y las riquezas, no quiero que ignoremos que esa tentación la podemos vivir todos los días.
Isaías advierte que no tengamos temor del hombre que es pasajero y se marchita rápido en la Tierra. Tu corazón se puede dividir entre la aprobación de Dios y la de personas como un jefe, familiares o amistades. Por eso el profeta Isaías dirige su mirada hacia el pueblo.
Buscamos agradar a Dios y quedar bien delante del Padre que está en los cielos. Esto significa mantener nuestras convicciones, principios y creencias. Podemos regresar al celo de ser hallados agradables delante de Dios y eso demanda fidelidad. Saúl temió al pueblo en lugar de obedecer un mandato del profeta Samuel para temer a Dios.[3] Saúl escuchó mejor la voz del pueblo que la de Dios. Todos podemos enfrentar situaciones en las que debemos decidir entre ser aceptados socialmente o permanecer fieles a Dios.
Por su parte, Jesús se puso por encima de Moisés como el Salvador y, como resultado de eso, muchos de sus discípulos se apartaron.[4] Jesús se vuelve a los 12 y les dice si ellos también quieren irse, pero Simón responde: ¿A quién iremos? Solo Tú tienes palabras de vida eterna.
La gente no tiene problema cuando somos congruentes con nuestras convicciones, pero rechaza a los incongruentes porque los sienten inseguros. No tengas temor a ser firme en tus convicciones. Y si somos rechazados por el amor y el temor a Dios, que venga cualquier tipo de rechazo. Pero yo no voy a negar mi temor a Dios y las convicciones por agradar a hombres. Iglesia, nosotros tememos, servimos y agradamos a Dios. Todo es cuestión de amar más a Dios, sobre toda persona o situación. Jesús decía: Recuérdense, están en el mundo, pero no son de este mundo.
Un corazón dividido necesita tener contentos a todos; un corazón fiel busca agradar a Dios aunque todos estén en desacuerdo. Un corazón dividido cambia sus convicciones para ser aceptado, en tanto uno fiel mantiene sus convicciones con amor y respeto. En un corazón dividido, la identidad depende de lo que otros piensan y otro fiel descansa en lo que Dios sabe de mí. Con un corazón dividido evito hacer lo correcto por temor a la crítica, pero uno fiel hace lo bueno, aunque pueda ser criticado. Un corazón dividido busca reconocimiento por sus buenas obras y uno firme procura honrar a Dios, aunque nadie lo vea.
Isaías tiene una llamada de atención profética que señala los caminos de Dios y Sus pensamientos más altos que cualquier ser humano.[5] Entonces, el conflicto es el corazón dividido y también lo ilustra el profeta Jonás, quien tenía que ir a Ninive y se fue para Tarsis por su propio camino.[6] En todo lo que tenía que hacer, Jonás tomaba la dirección contraria, lejos de la presencia del Señor. Al final, Dios hizo Sus planes y eso muestra su soberanía, pero permite ver la perfección de Dios ante la imperfección del ser humano.
Si esa ha sido tu vida hasta el día de hoy, la misericordia y la bondad de Dios se van a reflejar en tu vida. Dios puede enmendar todos tus caminos. Si has dado pasos erróneos, el Espíritu Santo te ayuda a dar los pasos correctos. Si estás viviendo las consecuencias, el Espíritu Santo perdonará tu pecado y ayuda en tu mayordomía y responsabilidad para corregir esas consecuencias.
De otro lado, observa el contraste de Jesús en el Getsemaní.[7] Repitamos la oración que hacía: Padre mío… que se haga tu voluntad y no la mía. En ocasiones andamos descarriados y pedimos que Dios bendiga nuestro camino, que seamos librados de las consecuencias, y eso es una conducta que como seres humanos tenemos en el corazón, como todo lo opuesto a Jesús, y no creo que funcione así. Por ejemplo, personas en infidelidad matrimonial, pidiendo que no los sorprendan, hombres haciendo negocios turbios y orando que Dios los prospere, noviazgos sin integridad sexual y quieren que Dios los bendiga.
He comprendido que la gracia y la misericordia de Dios como Padre nos pueden respaldar aunque no nos esté aprobando. Pero mi deseo es que no confundas el respaldo y protección del Padre con la aprobación de Dios. Por ejemplo, si mi hijo hace algo que no está bien, igual yo salgo en su defensa, pero corrijo lo que está mal. Y mi deseo pastoral con esta prédica es que Dios corrija nuestros corazones. Pidamos que Dios nos muestre Sus caminos, Sus planes y Sus pensamientos, que son mejores que los nuestros.
En conclusión, un corazón dividido primero hace planes y luego pide que Dios los bendiga. Un corazón fiel busca la dirección de Dios antes de planificar. Un corazón dividido obedece si entiende lo que Dios está haciendo; mas un corazón fiel asiente aunque no comprenda todo, y es ahí donde se observa la madurez de la iglesia. El corazón dividido se frustra cuando Dios cambia planes, pero uno fiel aprende a confiar cuando se alteran. No busco hacer mi voluntad, deseo aprender a hacer la voluntad de Dios. En lugar de medir la bondad de Dios por los resultados que esperaba, confío en su carácter, incluso cuando los resultados son diferentes.
Finalmente, según el profeta Oseas, infidelidad es andar con tu corazón dividido todos los días, caminar con tu sentir y tus pensamientos en dos partes, queriendo agradar a todos. Pero el salmista dice: Señor, unifica mi corazón para que tema tu nombre.[8] Iglesia, podemos aprender a ser fieles y salir de la idolatría, siendo congruentes con la fidelidad de Dios con un corazón unificado. Espíritu Santo, unifica mi corazón para aprender a temerle al Señor.
[1]Oseas 10:1-2 (NTV): Que próspero es Israel, una vid frondosa llena de uvas. Pero mientras más se enriquece la gente, más altares paganos construye. Cuanto más abundantes sus cosechas, tanto más hermosas sus columnas sagradas. El corazón de los israelitas es inconstante; ellos son culpables y deben ser castigados. El SEÑOR derribará sus altares y hará pedazos sus columnas sagradas. (RVR1960): Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos. Está dividido su corazón. Ahora serán hallados culpables; Jehová demolerá sus altares, destruirá sus ídolos.
[2]Isaías 51:12-13 (NTV): «Yo, sí, yo soy quien te consuela. Entonces, ¿por qué les temes a simples seres humanos que se marchitan como la hierba y desaparecen? Sin embargo, has olvidado al SEÑOR, tu Creador, el que extendió el cielo como un dosel y puso los cimientos de la tierra. ¿Vivirás en constante terror de los opresores humanos? ¿Seguirás temiendo el enojo de tus enemigos? ¿Dónde están ahora su furia y su enojo? ¡Han desaparecido!
[3]1 Samuel 15:24-26 (NBLA): Entonces Saúl dijo a Samuel: «He pecado. En verdad he quebrantado el mandamiento del SEÑOR y tus palabras, porque temí al pueblo y escuché su voz. Ahora pues, te ruego que perdones mi pecado y vuelvas conmigo para que adore al SEÑOR». Pero Samuel respondió a Saúl: «No volveré contigo; porque has desechado la palabra del SEÑOR, y el SEÑOR te ha desechado para que no seas rey sobre Israel».
[4]Juan 6:66-68 (NBLA): Como resultado de esto muchos de Sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él. Entonces Jesús dijo a los doce discípulos: «¿Acaso también ustedes quieren irse?». Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
[5]Isaías 55:8-9 (NBLA): «Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos», declara el SEÑOR. «Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos.
[6]Jonás 1:1-3 (NBLA): La palabra del SEÑOR vino a Jonás, hijo de Amitai: «Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella, porque su maldad ha subido hasta Mí». Jonás se levantó, pero para huir a Tarsis, lejos de la presencia del SEÑOR. Y descendiendo a Jope, encontró un barco que iba a Tarsis, pagó el pasaje y entró en él para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del SEÑOR.
[7]Mateo 26:39 (NTV): Él se adelantó un poco más y se inclinó rostro en tierra mientras oraba: «¡Padre mío! Si es posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».
[8]Salmos 86:11-12 (NBLA): Enséñame, oh SEÑOR, Tu camino; andaré en Tu verdad; unifica mi corazón para que tema Tu nombre. Te daré gracias, Señor mi Dios, con todo mi corazón.
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