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Casa de Dios

Cuando las cosas no salen bien

Pastor Cash Luna

21 de octubre de 2026

Tiempo de lectura: 7 minutos

Aprendamos que, si sopla un viento favorable para emprender algo nuevo, de pronto inicia una inesperada tormenta y todo oscurece; aunque vayas sin rumbo, es el momento de abandonarte confiando en Dios.

Cuando todo parece bien y de repente se pone mal y dices miren el lío en que estamos metidos ahora. Eso es como ir en un barco directo al naufragio y no queda más que resistir. ¿Cuántos han sentido una brisa favorable en sus vidas y dicen ahora sí, es el momento de embarcarnos en esto? Y de pronto todo se volvió un violento huracán. El tema de hoy aborda la historia de Pablo como prisionero enviado a Italia por ser un ciudadano romano, pero todo se salió de control durante el viaje.[1]

Cuando se pierde toda esperanza

Dios le habló a Pablo y este insistió en que no era conveniente zarpar porque haría mal clima para navegar, pero los navegantes no le hicieron caso, pues vieron una brisa favorable y horas más tarde los atrapó un huracán. Recordemos que la nave no era de gente que confiara en Dios; allí solo iba Pablo, que confiaba en Él.

Entonces ellos tenían miedo, porque no sabían en qué iban a parar; quedaron abandonados a la deriva sin poder hacer nada. La tripulación ya había perdido toda esperanza de salvarse. Todos los expertos en navegación ya no tenían más que hacer y puede ser nuestro caso cuando sentimos que todo se acabó; ya no hay nada que hacer. Ese tipo de cosas son las que se podrían identificar en la vida con este tipo de historia. Se perdió la esperanza de mantener con vida la embarcación.

Toma de decisiones y culpabilidad

Cuando pasan cosas como esas que no tienen reparación, que cayeron del aire, donde nadie tiene la culpa como tal, la familia entera se empieza a culpar. Si diriges una institución donde salieron mal las cosas por una decisión equivocada, lo que te carga no es el dinero que perderás, es la culpa de haber decidido mal.

Toma tus decisiones con la sabiduría que Dios te ha dado. Si no sale bien, pide a Dios sabiduría para componerlo, pero lo que no puedes hacer es no tomar decisiones. Qué horrible oír “te lo dije, habría sido mejor que me hicieras caso”.[2] Es mejor decir qué se puede hacer y no ponerse en ese lapso de emoción; entonces te hundes tú antes que ese barco se hunda. En ese momento, lo que necesitamos es controlar lo que sí es posible, que es nuestro estado emocional.

Emociones que sí puedes controlar

Lo único que podían hacer era controlarse ellos mismos. El problema es enfocarte en tu emoción y no en el problema. Empiezas a hablar desde tu emoción, desde tu ansiedad, desde tu miedo, desde tu temor. Cuidado con la conversación que se tiene en casa si está basada en la emoción, en lugar de buscar una solución basada en el problema. Entre más te metes en la emoción, más te alejas de la solución.

Pablo empezó diciendo: No se va a perder ninguna vida; a estas alturas ya no les importa la nave; si una vez muertos, ¿para qué quieren la nave? Muerto, ¿para qué quiero la empresa? Entonces, Pablo ataca de una vez el momento, pues por el Espíritu Santo sabía lo que más les preocupaba a todos, que era la vida; por eso dijo: Cálmense, nadie se va a morir, pero el barco sí se perderá.

La bendición de servir a Dios

Recuerden a Daniel, quien decía: “El Dios al cual sirvo me librará”. Pablo también dijo: “El Dios a quien sirvo”. Eso solo lo pueden decir los que sirven a Dios; no lo puede decir alguien que dice: El Dios al que he querido servir. ¿Qué harás al estar en medio de una prueba de estas? ¿Dirías al Dios al que pertenezco y a quien sirvo? Porque el Dios al que no se sirve, todavía no es tu Dios.

El compromiso de servir genera confianza, seguridad, sentimientos de respaldo, no deja duda alguna en tu mente, produce un placer inmenso y te da propósito. Es que no es solamente el servicio para alguien más; el que sale beneficiado es el servidor. Entonces, ¿por quién se salvó toda la tripulación del barco? Por el que servía a Dios. ¿Se va a salvar el barco de tu familia? ¿En qué estás sirviendo? Hay que servir aunque sea difícil. Pero aprender a gestionar las relaciones en el servicio te dará madurez, dominio propio, paciencia y amor, así como aprender a pedir perdón y perdonar.

El valor del ánimo

Ante la tormenta tengo ánimo y confío en lo que Dios ha dicho. No temas, ni desmayes, porque Yo estoy contigo, te dice Dios. La confianza que tenemos en Dios se refleja en el manejo de esas emociones. El problema ya no es la tormenta; ya no había forma de arreglar la tormenta. El problema estaba dentro de ellos mismos.

Los marineros ansiaban que se volviese de día.[3] Esas horas de la noche se sentían como un día entero y oscuro. Cuando nosotros no dominamos estos sentimientos, tiempos cortos se sienten eternos y decimos: Ya que acabe, que amanezca; ya es hora, ya no aguanto, estoy desesperado y todo por tanto pensamiento negativo metido en la cabeza. Ese mejor ánimo les vino por la comida, pues tenían 14 días sin comer por la tormenta y la energía estaba baja.

No lleves cargas de más

No era fácil calmar a 276 personas; ya satisfechos por la comida, deciden echar el trigo al mar.[4] Y el trigo es sustento, comida, salario. A veces, para sobrevivir lo que estás pasando, tienes que quitarte cargas de encima; concéntrate en una de ellas, las demás pueden esperar.  

Cuando uno entra en pruebas complejas, primero debe pensar bien, porque pensar mal no arregla nada, solo empeora las cosas. Segundo, debes comer bien; comes para tener energía, no para gastarla quemando azúcar que solo puede empeorar el estado emocional. Si quieres vitaminas para soportar las pruebas, también tiene que ver con el alimento que entra en tu cuerpo. Bien alimentado, bien dormido y pensando bien. Si la prueba está dura, trabaja en ti mismo.

Vive para un propósito superior

El destino era llegar con el emperador romano, con el propósito de testificar.[5] La ruta al final no la pudo determinar el capitán del barco, ni el dueño ni Pablo, sino el dueño de los mares y de los vientos. Dios sabe a dónde y por qué te lleva. Pronto todos descubrirían su propósito. Aunque el capitán tenía el timón, no tenía el control, pero Dios los llevó a puerto seguro. Por esta razón, confía en que todo obrará para bien si amas al Señor.[6] Todas las cosas trabajarán para mi bien en medio de todos los problemas.

Pablo advirtió que si alguien se va en ese barco salvavidas, se mueren todos. Dios quiere a todos en esta nave, porque tenía un propósito para ellos en el lugar a donde iban a llegar. No te bajes de tu barco, ni dejes que nadie de tu familia se baje, porque Dios tiene un propósito para todos.

Finalmente, cada momento de fe se conecta con otro por el puente de la confianza en Dios. He vivido por fe, sí, pero pienso que al final he caminado más por confianza que por fe, porque cuando las cosas no tienen una explicación y dices: Esto no lo teníamos que haber hecho, la decisión estuvo mala, no teníamos que salir y embarcarnos en esto; solo queda pedir perdón y decir: Señor, confío en que, a pesar de mí, todo va a salir bien, todo estará bien.

Referencias

[1]Hechos 27:13-20 (RVR1960): Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. 14Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. 15Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. 16Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. 17Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. 18Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, 19y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. 20Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, (el cielo parece no estar a nuestro favor) y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.

[2] Hechos 27:21-32 (RVR1960): Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. 22Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. 23Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, 24diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.

25Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. 26Con todo, es necesario que demos en alguna isla. 27Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; 28y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. 29Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. 30Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. 31Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si eestos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. ( o confiaban en Dios o no saldrían vivos) 32Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse.

[3]Hechos 27: 33-37 (RVR1960): Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. 34Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. 35Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. 36Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. 37Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis.

[4]Hechos 27:38 (RVR1960): Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.

[5]Hechos 27:23-25 (DHH): Pues anoche se me apareció un ángel, enviado por el Dios a quien pertenezco y sirvo, 24 y me dijo: «No tengas miedo, Pablo, porque tienes que presentarte ante el emperador romano, y por tu causa Dios va a librar de la muerte a todos los que están contigo en el barco.» 25Por tanto, señores, anímense, porque tengo confianza en Dios y estoy seguro de que las cosas sucederán como el ángel me dijo.

[6]Romanos 8:28 (RVR1960): Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

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