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Casa de Dios

Sigue peleando la buena batalla

Pastor Juan Diego Luna

19 de mayo de 2026

Tiempo de lectura: 7 minutos

Todos los días peleamos una batalla en nuestra fe. Permite que el Espíritu Santo te lleve de la mano con paciencia, compasión, ternura y exhortación para enfrentar una buena batalla. En palabras de ánimo, el apóstol Pablo le recuerda a Timoteo que debe pelear una buena batalla de fe.[1] Pedro enseña que la fe se pone a prueba por fuego hasta alcanzar un resultado que redunde en dar alabanza, gloria y honor a Jesucristo para la salvación de nuestra alma.[2] Entonces son dos procesos diferentes: la batalla y la prueba de la fe.

¿Es una batalla o una prueba de fe?

Lo importante al pelear la batalla es utilizar la fe y que sea probada para que adquiera un valor más alto que el oro. Para diferenciar una batalla de una prueba de fe, el filtro es nuestro Señor Jesucristo. Cristo, tentado en el desierto, dijo: «Escrito está».[3] Que la convicción para una fe firme provenga de estar anclado en la Palabra de Dios, a pesar de las circunstancias. La segunda ancla es establecer que no hay algo más valioso entre tu vida y tu relación con Dios. Cuida que la fuente de tu fe sea la Escritura y persiste en tu adoración y el servicio a Dios. Jesús pasó por un dolor extremo y la agonía del sufrimiento, pero lo enfrentó de rodillas; dijo que la clave es orar para no caer en la tentación.[4] En esa crisis dijo: “Padre, que no sea mi voluntad, sino la tuya”, y esa debe ser nuestra oración diaria en medio de la prueba.  

Por tanto, en el desierto, Jesús fue tentado por el enemigo y tuvo que pelear la batalla de la fe; pero en el jardín de Getsemaní pasó por una prueba de fe delante de Dios. Las batallas de fe se enfrentan en contra del enemigo que nos quiere destruir, pero las pruebas de nuestra fe son delante de Dios, y se ganan de rodillas.

Identifica a tu enemigo

Jesús nos hace victoriosos gracias a Su sacrificio, muerte y resurrección, porque somos adoptados como hijos de Dios y tenemos poder para vencer al enemigo. El primer paso para vencer es tener claridad sobre quién sea el verdadero antagonista en la batalla.

Si atravieso una prueba, ya sé que estoy delante de mi Padre, quien puede permitir mi agonía, pero allí el enemigo a vencer es el dolor y no es Dios.  Por consiguiente, sea batalla o una prueba, recuerda que las heridas pueden impedir que sigas creyendo Su Palabra. El enemigo ya está vencido, pero las heridas que te causa son las que provocan una lucha constante en tu fe. Dios es un Padre bueno, quiere enseñarte, formarte y que puedas madurar en Su reino, pero la fe se está probando en tu capacidad de superar el dolor de la prueba. Si el enemigo te ha lesionado en la batalla, tu fe será tan fuerte como la capacidad de continuar a pesar de tus heridas. Jesucristo no evitó la cruz, la atravesó y le dio propósito, y tampoco ocultó sus heridas. Eso quiere decir que tú y yo no evitamos el dolor ni escondemos las heridas; les damos propósito en el reino de los cielos.

La fe que se utiliza se fortalece

Jacob tuvo que decidir en medio de la crisis y persistió a pesar de la herida que lo acompañó el resto de su vida. En medio de su prueba, se aferró a ser bendecido.[5] En su batalla, el ángel le dijo: «Has luchado con Dios y con los hombres y has prevalecido». En la prueba le cambiaron de nombre a Jacob; tuvo un nuevo significado para el resto de su vida porque su fe salió aprobada y revalorada como el oro. Dios te bendice a pesar de tus heridas y el dolor que sientes para seguir caminando, como Jacob. Cuando llegue el dolor y quiera nublar el criterio para que no entiendas lo que sucede, recuerda: “Dios sigue trabajando en tu vida”. El dolor quiere elevar la frustración y que abandones tu fe, pero debes permanecer en ella; no te rindas.

Pablo presentó su defensa enumerando una larga lista de sus quebrantos, sufrimientos, privaciones, castigos, condenas, ataques externos, injusticias internas y luchas difíciles en múltiples ocasiones.[6] Al concluir, señaló que aquellos con los que le comparaban sentían orgullo por muchas cosas, pero Él afirmó: “Me glorío en mi debilidad”. Y a pesar de su gran listado de infortunios, siguió adelante sin desmayar; eso es fidelidad en medio de un constante sufrimiento.[7] Dios no demanda perfección, pero sí espera que continúes “un día a la vez”, a pesar del cansancio, el sufrimiento y la incomodidad.

El mejor ejemplo: Jesús

Cuando lees la profecía de Isaías acerca de los sufrimientos de Jesús, observas que hubo dolor, injusticia, extremo sufrimiento; fue despreciado y desechado entre los hombres, experimentado en aflicción y no la evitó, la atravesó para ser nuestro ejemplo por excelencia.[8] Al sobrellevar tanto quebranto, Dios exalta a nuestro Señor Jesucristo.

Recuerda, Cristo Jesús llevó nuestras iniquidades; por amor a ti y a mí atravesó dolor para que tuviéramos vida eterna. “No tenemos que entenderlo todo para seguir confiando”. Puedes decir no entiendo», pero continúo creyendo que eres mi Señor, mi salvador, mi sanador, mi restaurador y mi proveedor.

Finalmente, al enfrentar una batalla o una prueba de fe, la victoria no es tan solo lo que se obtiene; es no desmayar y ser persistente en la fe. Hebreos capítulo once enseña que la victoria está en no dejar de creer a pesar del sufrimiento, el dolor y la agonía. No dejes de creer en Cristo Jesús, Rey de reyes, Señor de señores, quien ha decidido caminar contigo todos los días.

Referencias

[1]1 Timoteo 6:12 (NBLA): Pelea la buena batalla de la fe. Echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y de la que hiciste buena profesión en presencia de muchos testigos.

[2]1 Pedro 1:6-8 (NBLA): En lo cual ustedes se regocijan grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, sean afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; a quien sin haber visto, ustedes lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en Él, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como[f] resultado de su fe, la salvación de sus almas.

[3]Mateo 4:1-11 (NBLA): Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. 3Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan». 4 Pero Jesús le respondió: «Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». (…) 8Otra vez el diablo lo llevó a un monte muy alto, y le mostró* todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». 10Entonces Jesús le dijo: «¡Vete, Satanás! Porque escrito está: “Al señor tu dios adorarás, y solo a él servirás». 11 El diablo entonces lo dejó; y al instante, unos ángeles vinieron y le servían.

[4]Lucas 22:39-44 (NBLA): 39Saliendo Jesús, se encaminó, como de costumbre, hacia el monte de los Olivos; y los discípulos también lo siguieron. 40Cuando llegó al lugar, les dijo: «Oren para que no entren en tentación». 41Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, 42 diciendo: «Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya ». 43Entonces se apareció un ángel del cielo, que lo fortalecía. 44Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra.

[5]Génesis 32:24-31 (NBLA): Se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. 25Cuando vio que no podía prevalecer contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él. 26Entonces el hombre dijo: «Suéltame porque raya el alba». «No te soltaré si no me bendices», le respondió Jacob. 27«¿Cómo te llamas?», le preguntó el hombre. «Jacob», le respondió él. 28Y el hombre dijo: «Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has prevalecido». 29Entonces Jacob le dijo: «Dame a conocer ahora tu nombre». «¿Para qué preguntas por mi nombre ?», le respondió el hombre. Y lo bendijo allí. 30Y Jacob le puso a aquel lugar el nombre de Peniel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y ha sido preservada mi vida». 31El sol salía cuando Jacob cruzaba Peniel, y cojeaba de su muslo.

[6]2 Corintios 11:23-30 (NBLA): ¿Son servidores de Cristo? (Hablo como si hubiera perdido el juicio). Yo más. En muchos más trabajos, en muchas más cárceles, en azotes un sinnúmero de veces, con frecuencia en peligros de muerte. (…) 28Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las iglesias. 29¿Quién es débil sin que yo sea débil ? ¿A quién se le hace pecar sin que yo no me preocupe intensamente? 30 Si tengo que gloriarme, me gloriaré en cuanto a mi debilidad.

[7]2 Timoteo 4:7-8 (NBLA): He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. 8En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman Su venida.

[8]Isaías 53:3-12 (NBLA): Fue despreciado y desechado de los hombres, Varón de dolores y experimentado en aflicción; Y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no lo estimamos. 4Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, Y cargó con nuestros dolores. Con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. 5Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. el castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados. 6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros. 7Fue oprimido y afligido, pero no abrió Su boca. Como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, Él no abrió Su boca. 8Por opresión y juicio fue quitado; y en cuanto a Su generación, ¿quién tuvo en cuenta que Él fuera cortado de la tierra de los vivientes por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida? 9Se dispuso con los impíos Su sepultura, pero con el rico fue en Su muerte, aunque no había hecho violencia, ni había engaño en Su boca. La exaltación del Siervo 10pero quiso el Señor quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento. Cuando Él se entregue a Sí mismo como ofrenda de expiación, verá a Su descendencia, prolongará Sus días, y la voluntad del Señor en Su mano prosperará. 11Debido a la angustia de Su alma, Él lo verá y quedará satisfecho. Por Su conocimiento, el Justo, Mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos. 12Por tanto, Yo le daré parte con los grandes y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó Su alma hasta la muerte y con los transgresores fue contado; llevó el pecado de muchos, e intercedió por los transgresores.

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