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Correctas expectativas

Correctas expectativas

08 de enero de 2011

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

Siempre tenemos grandes expectativas cuando iniciamos un nuevo. Podemos y debemos ser mejores.  Recordemos que no hay ambiente perfecto, pero sí actitud correcta. Estar cerca del Señor no significa ser inmunes a las situaciones desagradables. Lo que nos diferencia de quienes no creen en Él es que tal vez, no ganamos todo el tiempo, pero triunfamos al final porque Su presencia está con nosotros, como poderoso gigante.
 
A veces, los cristianos tienen expectativas de una vida perfecta, sin problemas, pero la Palabra dice que lo mismo ve la muerte un justo que un impío.  Ante las dificultades, nos confundimos y cuestionamos: ¿Por qué me sucede esto? ¿Será que Dios está conmigo?  Si nos formamos falsas expectativas, no vivimos por fe sino por ilusiones y fantasías que al final serán defraudadas. En la Biblia leemos sobre muchos hombres y mujeres que no vivieron siempre felices o sin problemas, al contrario, son personas que supieron sobreponerse a la adversidad y fueron fieles al Señor.
 
Dios también pierde algunas veces. Saúl, por ejemplo, no fue buen rey, por eso, el Señor levantó a David que haría lo que Él le pidiera (Hechos 13:21-22). Nosotros hemos superado malas situaciones y el Señor también. Jesús perdió a Judas, pero luego levantó Pablo que escribió el 80% de las epístolas. Dios nos enseña cómo reaccionar ante el fracaso. Lo correcto es levantarse y continuar porque podemos perder, pero triunfaremos al final. Si caíste, ¡levántate!
 
Dios siempre está con nosotros, ganemos o perdamos. Todos somos Sus hijos y no con todos gana siempre. Reconoce que a veces pierde contigo porque no le obedeces, entonces, si Él mismo ha perdido y no te abandona, ¿cómo nos atrevemos a renegar de nuestras dificultades y decir que fracasamos?  No te abandones dándote por vencido, no te decepciones si pierdes en algo. No siempre ganaremos, pero si perseveramos, seremos vencedores.  El miedo a que nos suceda algo malo, no debe limitarnos para experimentar lo bueno que puede venir, si nos atrevemos a seguir adelante.
 
A Dios hay que tenerle paciencia porque nuestro tiempo no es el mismo que el Suyo. Actúa cuando debe no cuando quiere. Es similar a la situación con nuestros hijos. Su “no” es tan bueno y expresa tanto amor como Su “sí”. Si lo abandonas porque  te da una negativa, demostraste que no merecías lo que pediste. Pero si aceptas el “no” con humildad, le demuestras que mereces el “sí”. Su respuesta siempre es la mejor, aunque no siempre será lo que quieres. Confía en que Él te dará lo que es mejor para ti porque es tu Padre y sabe lo que te conviene. Sin embargo, no dejes de pedirle, no seas conformista e insiste delante de Su trono. Somos bienaventurados cuando confiamos en Dios.
 
El Salmo 40: 1-4 es confuso porque dice que “esperó pacientemente pero está en el pozo de la desesperación”. No se entiende si está desesperado o no. Pozo significa “desastre” y estar metidos en un desastre es desesperante, pero debemos tener paciencia porque si confiamos, Él nos sacará. Dile: “Aunque estoy en el hoyo de la desesperación, te esperaré con paciencia”.
 
El apóstol Pablo dice que estamos atribulados en todo, y tribulación en griego significa: “problemas y crisis”. Es una circunstancia externa, así como estar en apuros, perseguidos o derribados. Por el contrario, la angustia, desesperación o desamparo son sentimientos internos a los que no debemos dar espacio. Nuestra expectativa debe ser interna, no externa. El hombre más santo y correcto puede pasar tribulación, pero tendrá paz y se levantará con fe en el Señor. Pablo dice que afrontamos crisis pero Dios y Su paz gobierna en nuestros corazones. Nunca estaremos desamparados porque Cristo es nuestra esperanza.
 
Que estés en un apuro no te hace mal cristiano. Podemos estar atribulados, en apuros, perseguidos y derribados, pero nunca desesperados, angustiados, desamparados o destruidos (2 Corintios 7-9). No podemos alimentar falsas expectativas de la vida por fe. El cristiano también pierde familiares, le roban o enviuda pero el final, siempre triunfa porque Dios no lo abandona. Los justos empiezan de nuevo cuando otros piensan que todo acabó.
 
Nunca te creas destruido. Puedes estar con la batería baja pero nunca en off. Confía porque Dios te levantará, está contigo y nunca de abandonará. La victoria final será para quienes luchan, convencidos de Su amor infinito.

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