28 de abril de 2026
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En la primera parte de esta prédica hablamos acerca del amor tan intenso que Dios nos ha tenido, porque a causa de Su manera magnífica y especial de amarnos, dio a su hijo unigénito para que todo aquel en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Jesús derramó hasta la última gota de Su sangre para el perdón de nuestros pecados. Eso quiere decir que el perdonarnos exigía un sacrificio por amor.
Vimos dos ejemplos: Abraham, que estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac y luego Dios lo detuvo, por eso sacrificó un carnero como ofrenda. Dios bendijo a Abraham con muchedumbre de hijos y con mucho ganado hasta hacerlo rico. El otro caso fue David, que enseña a dar algo a Dios que sea de mucho valor, algo que sí le había costado.[1] Porque al final es un asunto de amor y no de obligación, el amor de Abraham y el amor de David. Cerramos viendo al Padre que nos dio a Su hijo y no se detuvo; por eso Jesús dijo: “Nadie me quita la vida, yo la pongo para volverla a tomar”. No hay mayor amor como el de Dios.
Abram significa el padre es exaltado y Dios le cambió el nombre por Abraham, que quiere decir padre de multitudes.[2] En la vida de la fe, todo comienza con un cambio en el lenguaje y con remover las palabras inadecuadas acerca de ti mismo. Eres creación de Dios, su heredero y coheredero, su templo, su casa, y debes amarte como tal en todas las cosas que haces en la vida.
Abram se entera de que su sobrino Lot fue asaltado y llevado como esclavo con todos sus bienes y reúne a sus siervos; va y lo rescata junto con todo lo que le habían quitado. Cuando Abraham regresa de esa victoria, se encuentra con un sacerdote del Dios Altísimo llamado Melquisedec, quien sacó pan y vino para ellos, como lo hizo Jesús miles de años después. Al encontrar a Melquisedec, Abraham le dio los diezmos de todo el botín; fue justo con Dios y con los hombres que le habían acompañado porque a ellos les dio su parte.[3] Esa era una cuestión de justicia, una cuestión de amor por los suyos. No era una ley, fue un acto voluntario.
Así que nosotros somos hijos de Abraham, no de Moisés, de quien muchos años después vino la ley del diezmo. De esta manera, en Abraham queda clara la fuente de toda bendición, como se expresa en Proverbios.[4] Es el favor de Dios que abre las puertas por donde debes pasar.
Miles de años después, este nombre aparece en la carta dirigida a los hebreos, recordando la historia de Abraham porque era parte de la tradición hebrea mencionar a este sacerdote de generación en generación. Por ello debemos hablar a nuestros hijos y trasladarles nuestro testimonio en donde se note el amor a Dios y a Jesús para alcanzar las siguientes generaciones.
Melquisedec, rey de Salem, que significa rey de paz, rey de justicia, salió a recibir a Abraham y lo bendijo y recibió los diezmos de las manos de Abraham.[5] Este rey no tiene principio ni fin y se reconoce a Jesús como Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec. Jesús no venía de la tribu de Leví, que era la línea sacerdotal para Israel, porque Jesús era de la tribu de Judá. Entonces, cuando Melquisedec bendijo a Abraham, también lo hizo con sus descendientes que estaban ya en los lomos de este y de allí nacería Leví.
Dios ya veía la descendencia de Abraham y todavía no habían nacido sus descendientes; de la misma manera, Dios ve a nuestros hijos y son bendecidos desde antes de nacer. Así que Leví dio los diezmos desde los lomos de Abraham y se los entregó a Melquisedec. Entonces, así como el sacrificio perfecto de Jesús es agradable a Dios, la ofrenda de olor fragante no vino de la línea genética de Leví, sino de Melquisedec. De esa manera, si Abraham le entregó los diezmos a Melquisedec, y este le bendijo, ¿a quién los damos nosotros? Pues a Jesús constituido para siempre como sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.[6]
Por consiguiente, según la Biblia, todos somos sacerdotes constituidos para presentar ofrendas ante Dios y sigue vigente, no por ser descendientes de Leví, sino por ser descendientes de Jesús, quien se presentó como el cordero, santo, sin mancha, sin pecado y se ofreció una sola vez por nuestros pecados.[7] Por eso, el Padre lo exaltó sobre todos; entonces, ¿cómo no le voy a dar al que me dio el pan y el vino en Su cuerpo y Su sangre?
Jacob recibió la bendición de primogénito, pero tuvo que salir huyendo y, al estar solo, hace un juramento porque no pensaba en su persecución y fuga, sino en un sueño que había tenido con ángeles que subían y bajaban del cielo; entonces dijo: «Este lugar es casa de Dios y puerta del cielo» Allí le dice a Dios: «Si me bendijeras en mi camino y me hicieras volver en paz a mi casa» De todo lo que Tú me des, el diezmo apartaré para ti.[8]
Nosotros decimos que Jesús es rey de Reyes y debemos aprender el protocolo para acercarnos a Él y darle la mejor ofrenda por amor, no de lo que sobra, sino la mejor ofrenda en todo sentido. Tengamos a Jesús como Rey, dando de lo que nos cuesta, como lo hizo David. Mientras nos duela darle a Dios, no habremos crecido mucho; por eso es necesario romper esa barrera y ver la generosidad que viene de Su amor al entregarnos a Su hijo.
[1]2 Samuel 24:18-25 (RVR1960): Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo. 19 Subió David, conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová; 20 y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó delante del rey, rostro a tierra. 21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo. 22 Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña.23 Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. 24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.
[2]Génesis 14:14-16 (RVR1960): Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. 15Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco. 16Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.
[3]Génesis 14:17-23 (RVR1960): Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. 18Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. 21Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. 22Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, 23que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram;
[4] Proverbios 10:22 (RVR1960): La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.
[5] Hebreos 7:1-17 (RVR1960): Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, 2 a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; 3 sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. 4 Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. 5 Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. 6 Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. 7 Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. 8 Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. 9 Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; 10 porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. 11 Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? 12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; 13 y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. 14 Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio. 15Y esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, 16 no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. 17 Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
[6] Salmos 110:4 (RVR1960): 4Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
[7]Hebreos 7:26-28 (RVR1960): Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
[8]Génesis 28:10-22 (RVR1960): Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. 11Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. 12 Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. 13Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. 16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. 17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. 18 Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. 19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero. 20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, 21 y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. 22 Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
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