La primera cosa que hay que garantizar para ser padre o madre es tener gracia delante de Dios, porque de Él viene toda bendición. El ángel anunció a María que, además del milagro de la concepción, era importante el nombre que llevaría el niño Jesús.[1] El nombre del niño estaba asociado al propósito de su vida como hijo del Altísimo y miembro de un linaje real que no tendría fin sobre la Tierra.
De igual manera, tus hijos van a ser exitosos y bendecidos. La misma Biblia dice que los hijos de los justos serán poderosos en la tierra.[2] Cuando tienes claro para qué nació tu hijo y tu hija, entonces tienes claro para qué educarlos. Los hijos se educan para la grandeza, para que triunfen y tengan éxito en esta vida. Los hijos que crecen viendo a sus padres resolver problemas crean una mayor resiliencia y son más fuertes que aquellos que nunca se dieron cuenta; por esa razón no deben ignorar los problemas de su entorno familiar.
Educar a nuestros hijos no es fácil. Igual que no debe haber sido fácil para María y José haber educado a Jesús; si venía a salvar el mundo, a poner su vida, pues era el cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo y moriría en una cruz.
¿Podrías imaginarte el corazón de María al saber que fue electa para ser madre del hijo de Dios, que habría de salvar a la humanidad?[3] Pero con el mismo corazón lo tuvo que ver al morir en la cruz del Calvario. No todo en el corazón de la madre es alegría con los hijos; incluso ellas poseen la intuición de conocer el estado de sus hijos, sin estarlos viendo. Entonces, ser madre es un honor inmenso.
Ante el sabio Salomón llegaron dos mujeres alegando ser la madre legítima de un niño, y una de ellas mentía porque ocultaba que su hijo de edad similar había muerto y ella lo había cambiado por el de la otra mujer. Salomón debía juzgar y decidir quién decía la verdad para entregárselo a su hijo y ponerlo bajo su cuidado. Ambas decían: «El niño vivo es el mío, el muerto es el tuyo». Salomón pidió una espada y ordenó que partieran al niño para darle la mitad a cada mujer.[4]
Entonces, la que era la madre verdadera dijo: No, momento, porque dice la Biblia que sus entrañas se conmovieron. Y las madres saben que aquí mismo en su vientre se sienten y se perciben los dolores y las penas que pasan los hijos. Hay una conexión demasiado fuerte, pues es un vínculo biológico y psicológico. En este caso, la madre verdadera dijo:
—No, déselo a ella; el niño no tiene que morir.
Eso hace una madre. Pero estas dos mujeres eran rameras, se dedicaban a la prostitución. Y pienso por un momento: ¿sabía ella quién era el padre del niño? ¿Quién sabe? Una quiso un hijo, aunque fuera de la otra, mintiendo, a pesar del dolor de su hijo muerto. Y la otra dijo: Aunque no me quede a mí, pero que viva. ¡Era una verdadera madre!
Sin embargo, aunque nadie supiera quién era el padre del niño, en esa mujer se encontraba una madre excepcional.[5] Entonces, para mí este pasaje no es tanto de un rey sabio como del amor de una madre que sobrepasó a la sabiduría de Salomón.
Quizá el comienzo de cada familia no fue el que queríamos o el ideal, pero eso no tiene que ver con cómo se va a desarrollar nuestra vida. Esas criaturitas que vienen ahí adentro quizá fueran concebidas por un aparente error, pero eso no evita que Dios ponga su mano en el vientre y bendiga a esa criatura. Y no somos nadie para maldecir lo que Dios bendice.
Padre, gracias por todas las madrecitas que marcan el camino, que son de influencia en nuestra vida, para bien o para mal. Pero si encuentran gracia delante de ti, seguramente seguirán educando hombres y mujeres de provecho para tu reino y para el país en el que vivimos. Señor, guárdalas, cuídalas, líbralas del mal. Si alguna se encuentra enferma, oro en este momento para que sane de sus dolores y de sus enfermedades. Con esto, Señor, te decimos muchas gracias y bendecidas sean todas las madrecitas en Cristo Jesús. Amén.
[1]Lucas 1:30-36 (RVR1960): Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. 31 Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. 32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; 33 y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
[2]Salmos 112:2 (RVR1960): Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita.
[3]Lucas 1:46-50 (RVR1960): Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; 47 y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. 48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, 50 y Su misericordia es de generación en generación a los que le temen.
[4]1 Reyes 3:17-27 (RVR1960): Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa. 18 Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa. 19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. 20 Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto. 21 Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. 22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey. 23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. 24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. 25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. 26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. 27 Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre.
[5]1 Reyes 3:16 (RVR1960): En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.
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