El desarrollo de la fe II

CONÓCENOS

En tiempos ancestrales, cuando alguien deseaba declarar su voluntad, dejar bienes o definir leyes y estatutos, los escribía, a veces en pergaminos de origen animal o en papiros de origen vegetal que enrollaba y entregaba. Quien deseaba gozar de los beneficios escritos allí, debía desenrollar y poner en práctica lo que encontraba escrito. Ese es el origen de la palabra “desarrollar”. Nos desarrollaremos cuando desenrollemos lo que está escrito para nosotros. Debemos desarrollar carácter, habilidades y especialmente la fe que tiene niveles. Porque cada uno recibió del Señor una medida de fe. Hay Escrituras que por años has creído que te aseguro que se cumplirán. Jesús sabía las Escrituras desde niño, a los doce años ya las discutía con maestros y sabios, pero se cumplieron hasta sus treinta años[1]. El hecho que sepamos las promesas que hay para nosotros y no se vean cumplidas, no significan que no se cumplirán. Hay promesas del Señor que se cumplirán delante de los ojos de todos para dar testimonio de lo que Él ha dicho de ti. No importa cuánto tiempo tengas que esperar, en Él siempre es sí y amén, porque no miente, así que Sus promesas se cumplirán. Recibe la Palabra del Señor, estúdiala, créela y espera con fe el cumplimiento de Sus promesas.

Lo primero que debemos hacer por fe es nacer, porque nuevas criaturas somos al aceptar a Jesús en nuestro corazón[2]. Cuando recibí al Señor, yo era un joven como todos, peludo, con cigarros en la bolsa de mi jeans roto, pero no habían pasado 24 horas cuando ya veía cambios en mi conducta. Después de 35 años de vida con el Señor, comprendo que no podemos juzgar la estatura espiritual de alguien, así como no podemos juzgar la estatura física. Somos únicos física, emocional y espiritualmente, por lo que nuestro desarrollo también es un proceso personal. Así que nada de señalar o juzgar a las personas. Quien me trajo a los pies de Cristo estaba echándose los traguitos un día antes, ¿qué tal si no acepto su invitación o lo critico? Tal vez ese amigo no vivía en plena santidad, pero fue instrumento del Señor para que yo pudiera nacer de nuevo.

Nacer por fe es el primer nivel, pero no basta, ya que también hay que aprender a vivir por fe[3], lo que significa iniciar una nueva experiencia de vida[4], convencidos del amor y provisión de nuestro Padre. Por supuesto que es un aprendizaje, porque la confianza debe desarrollarse hasta que realmente eliminemos el afán. Si la fe te ha dado vida eterna y salvación, ¿qué no será capaz de darte? Dios nos repite una y otra vez que somos valiosos para Él, más que los lirios y las aves, así que nos proveerá. ¿Cómo no nos dará más que a las flores y las aves si somos Sus hijos? Recibe tu identidad y valor como amado de tu Padre, así podrás vivir confiado. Dios dice: “Confía en mí, si le doy de comer a las aves, ¿cómo no te daré de comer a ti? No te abandonaré”[5]. Hay momentos cuando nos jactamos tanto de nuestro trabajo que necesitamos comprender, aceptar, creer y confiar en que nuestro Padre jamás nos abandonará. Dios no te dejará solo, incluso cuando hayas pecado, porque no hay padre que abandone a su hijo. Siempre estará contigo, siempre te acompañará. Dios nos ama por quienes somos, Sus hijos, no por el comportamiento que tengamos. Él es realmente bueno y Su gracia es infinita para que nos perfeccionemos y aprendamos a vivir confiados en Su amor.

La tercera fase de este desarrollo es caminar por fe. Aunque puedas manejar un auto o moto por vista, hay transportes que se manejan por instrumentos como los aviones y algunos trenes. Debemos caminar por fe, no por vista[6]. Si dices que caminas por fe, ¿por qué te detienes cuando no logras ver lo que esperas? No te desanimes, que tu fe no falte, al contrario, debe fortalecerse al creer por lo cotidiano, ya que vendrán tiempos en los que realmente tendrás que batallar.

Entonces debemos nacer, vivir y caminar, además, de pelear por fe[7]. El cuarto nivel es pelear la batalla de la fe. Cuando nacemos por fe, aprendemos a vivir confiados, pero luego, aparece la dificultad y es tiempo de pelear, de luchar convencidos de que la victoria es nuestra. Nos tocará derribar gigantes como David, conquistar ciudades como Josué o hacer huir a enemigos como Gedeón. En medio de una noticia devastadora como una enfermedad, una tragedia familiar o económica, es hora de pelear la batalla de la fe. Cuando viene el reto, ya no se trata de vivir confiados, sino de levantarnos a pelear. Las batallas son parte del desarrollo de la fe, por eso es que nunca faltan. Tu batalla está ganada porque Jesús ya la peleó. Él triunfó y arregló todo a tu favor, solo debes salir al ring sin miedo y demostrarle al enemigo que tienes la victoria. Somos más que victoriosos en aquel que nos amó.

Finalmente, en el proceso de desarrollar nuestra fe, nos corresponde alcanzar el quinto nivel que es morir confiados. Jacob, por ejemplo, al morir, bendijo a cada hijo de José, tomó un bordón para apoyarse y adorar a Dios[8]. ¡Así es como muere un hombre de fe! Seguro de que sus generaciones verán cumplidas las promesas que él no alcanzó a ver. Para el pueblo de Israel, llegó el día del cumplimiento de vivir en la tierra prometida, pero ni Jacob, Isaac, José o Moisés lo vieron, sin embargo, cada uno dejó como herencia esa promesa de bendición. Imagino que Jacob dijo a sus hijos: “Me lo dijo mi padre, Abraham, nuestra familia verá la tierra que Dios nos tiene preparada porque Él no miente”. Años después, cuando José murió, también estaba seguro de que la promesa se cumpliría, por eso, dejó la instrucción de que cargaran sus huesos cuando salieran de Egipto y los enterraran en esa tierra que les estaba reservada. La mejor manera de morir es saber que te encontrarás con el Señor y que a tus hijos les irá bien.

Si al final de tu vida, alguna promesa no se ha cumplido, debes asegurar a tus hijos que ellos verán esas bendiciones. Ese traslado de las promesas a las generaciones es el mayor legado que podemos heredar. No sé si veré a cada guatemalteco doblando sus rodillas, pero si no lo logro, lo verán mis hijos y mis nietos. ¡No puedes morir en incredulidad sino con fe! Has nacido, caminado y peleado por fe, así que Dios te concederá morir con esa convicción de bien para tu familia. ¡Dale gracias al Padre porque es Dios de pactos, de certeza y de milagros!


[1] Lucas 4:20-21: Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

[2] 2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Juan 3:3: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

[3] Habacuc 2:4: He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. 

[4] Romanos 6:4: Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

[5] Mateo 6:25-30: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?  Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?  ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

[6] 2 Corintios 5:7: Porque por fe andamos, no por vista.

[7] 1 Timoteo 6:12: Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.

[8] Hebreos 11:20-22: Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos.

 

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