01 de septiembre de 2026
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Tenemos un Dios generoso que no se ha cansado de dar lo mejor para cada uno de sus hijos; porque Dios es bueno y nos amó primero.[1] Además de su amor, hay dádivas y regalos de Dios para nuestra vida. Cómo reaccionamos ante los obsequios que Dios nos da es un indicador sobre cómo consideras el reino de los cielos en tu vida y de eso trata esta enseñanza.
En el juicio final, Jesús no condena a quienes le han recibido; su victoria sobre el pecado nos trajo redención. Lo importante es reconciliarnos con Dios por medio de Jesús y recibir su amor. Además, rendiremos cuentas de este regalo de salvación y de cada obsequio que hemos recibido de parte de Dios.
Ya hemos aprendido que Dios puso pan y vino sobre nuestra mesa y ahora cuál será nuestra respuesta. Veamos tres personajes que recibieron obsequios de Dios y de qué manera fueron sus reacciones, porque de esa respuesta depende cómo traemos el cielo a la tierra. Entonces, saber vivir en el reino de los cielos es responder adecuadamente a los regalos que Dios nos ha dado.
La familia de Abraham creció, tuvo su heredero Isaac y este a su heredero Jacob. Y Jacob gozó de muchos hijos; uno de ellos fue José, quien fue vendido por sus hermanos y así llegó a Egipto. El plan de Dios fue proveerle a José para que su pueblo no pasara hambre.[2] José usó el don de interpretación de sueños para declararle el futuro al faraón y de esa manera manifestó la presencia de Dios. José comprendió que la abundancia no era únicamente para disfrutarla; también debía ser administrada, es decir, no solo recibió la interpretación del sueño, también recibió sabiduría para dar el mejor consejo.[3] José comprendió que la provisión es un regalo de Dios y fue humilde; no se atribuyó este logro como algo personal.
Por consiguiente, la forma correcta de responder a los regalos de provisión y sabiduría es con buena administración. José fue un buen mayordomo en su propia casa, en la casa de Potifar donde trabajaba y luego lo hizo para toda la nación de Egipto.[4] Acá en la tierra mostramos el reino de los cielos cuando actuamos con mayordomía de todo lo que Dios nos ha dado. José recibió provisión con sabiduría y su respuesta fue una excelente administración.[5] José no consideró los años de abundancia como una licencia para desperdiciar, sino como una oportunidad para prepararse, guardar y servir.
Jesús describe los tiempos del fin y lo que espera de nosotros en este tiempo; para eso utiliza la parábola de los talentos, así ejemplifica la rendición de cuentas. A uno de sus siervos el amo le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno; a cada uno conforme a su capacidad, pero todos sabían que volvería pronto y tenían que negociar mientras regresaba.[6]
Y quien había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. Asimismo, el que había recibido dos los volvió cuatro. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor.[7] Puedes ver dos reacciones diferentes. Pero hubo un siervo negligente con una reacción incorrecta. Dios no está buscando que todos alcancemos el mismo resultado; está buscando fidelidad y productividad conforme a lo que Él puso en nuestras manos.[8]
Dios da recursos, oportunidades y responsabilidades y nos habilita con provisión y capacidad, pero espera una buena productividad de nuestra parte.[9] Cuando Jesús escogió a Sus doce discípulos, a cada uno de ellos los encontró trabajando; eran hombres ocupados y productivos. Esa característica es indispensable en un buen siervo de Dios que pone sus manos hasta que todo fructifique, y esa es una forma correcta de vivir el reino de los cielos aquí en la tierra.
El escenario del profeta Elías enviado a la casa de la viuda de Sarepta permite ver la generosidad de esta mujer y la multiplicación de sus escasos bienes, en medio de la extrema pobreza. Elías pide a la viuda de Sarepta que le dé agua y pan.[10] Cuando Elías llegó a Sarepta, encontró a una viuda recogiendo leña. Ella se encontraba en una situación desesperada: solamente tenía un puñado de harina y un poco de aceite. Estaba preparándose para cocinar el último pan para ella y su hijo.
Elías dice: De acuerdo, pero dame a mí primero y de lo que sobre coman ustedes. La mujer obedece, trae pan y agua y el resultado, la harina y el aceite nunca escasearon.[11] Dios no solamente puso provisión en sus manos; también puso una palabra en su corazón. La harina le permitió preparar el pan, pero la fe le permitió entregarlo.
La viuda no produjo la provisión ni fabricó la promesa.[12] Ella simplemente respondió con generosidad a lo que Dios ya había puesto en sus manos y en su corazón.
En síntesis, con José Dios dio provisión y sabiduría; la respuesta fue una buena mayordomía. Con los siervos, el Señor concedió provisión, talentos y capacidad; eso implicaba un doble regalo; la respuesta fue un siervo fiel y productivo. Con la viuda, el regalo fue de provisión con una medida de aceite y harina que no escaseó y abundó para comer; el segundo regalo fue una medida de fe.
En conclusión, todos tenemos una medida de fe que se nos fue dada por el Padre que está en los cielos y así es como traemos el reino de Dios a la tierra con productividad, buena administración y generosidad. Si puedo dar, administrar bien y producir, es porque Dios me dio primero; porque todo comienza en sus manos y nuestra respuesta revela lo que hay en nuestro corazón.
Finalmente, voy a vivir el reino de los cielos acá en la tierra. Si Dios da provisión y sabiduría, mi respuesta será con gratitud y buena administración; si concede recursos y capacidades, responderé con gratitud y productividad y, si viene con el obsequio de provisión y fe, mi respuesta será de agradecimiento y generosidad.
[1]1 Juan 4:19 (RVR1960): Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.
[2]Génesis 41:28-30 (RVR1960): Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón. 29He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. 30Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra.
[3]Génesis 41:33-36 (RVR1960): Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto. 34Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia. 35Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo. 36Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.
[4]Génesis 41:38-40 (RVR1960): y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? 39 Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. 40 Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú.
[5]Santiago 1:5 (NBLA): Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
[6]Mateo 25:14-15 (RV1960): Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.
[7]Mateo 25:16-18 (RVR1960): Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. 17Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. 18Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
[8]Mateo 25:19-23 (RVR1960): Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. 21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 22Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. 23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
[9]Mateo 25:24-25 (RVR1960): Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.
[10]1 Reyes 17:10-12 (RVR1960): Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. 11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. 12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.
[11]1 Reyes 17:13-14 (RVR1960): Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.
[12]1 Reyes 17:15-16 (RVR1960): Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. 16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.
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