16 de septiembre de 2026
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Jesús empieza a relatar la parábola de la gran cena, donde nos da a conocer cómo funciona el reino de los cielos mediante una invitación.[1] Existe otra forma de contar el evangelio mediante las comidas. Y si el pecado entró al mundo por un fruto, Cristo Jesús nos vino a redimir a través de una comida con pan y vino. Y ahora esperamos la comida que juntos vamos a degustar en las bodas del cordero; por esta razón, utilizaré cinco mesas para contarte todo el evangelio.
La mesa está servida con todos los frutos.[2] El primer mandato de Dios no es que no comas de un fruto; es que aprendas a disfrutar, que tengas vida plena y abundante, que disfrutes toda la creación de Dios. Luego viene el segundo mandato y allí destaca un fruto que no se debe comer.[3]
La clave para comprender bien cada mesa de Dios está en los filtros para detectar los sabores de cada comida, que son los atributos divinos. La idea es que puedas comer con Dios, es decir, experimentar ese momento con tu Creador y, en esa dinámica, que al comer puedas decir: Estoy descubriendo un atributo de Dios. Entonces, el primer filtro es cuáles son los sabores y los atributos de Dios que paladeas, y el segundo filtro es que seas capaz de cortar los pensamientos y voces del enemigo que, como la serpiente, buscará distraerte hacia otra dirección, alejado de Dios.
Dios es bueno porque quiere protegerte mientras disfrutas de los frutos y señala uno que no te corresponde. Puedes ver su bondad en el hecho de que Él quiere una vida abundante para nosotros. Otro atributo es la sabiduría de Dios porque sabe decidir sobre lo que es bueno o malo para mi vida. El siguiente atributo es Su santidad, porque Dios me quiere apartado para sus propósitos, y para eso me dio un libre albedrío, una voluntad para ponerlo en primer lugar en mi vida.
Abram venía con una sensación de victoria, aunque estaba exhausto por la batalla, y se le presenta una mesa con provisión de pan y vino, con promesas de bendición.[4] Allí degusta esta comida y tiene comunión con el rey de Salem, Melquisedec. El sabor que se experimenta es la fidelidad de Dios para bendecirnos. Dios promete estar siempre con nosotros porque Él es soberano, siempre nos respalda y renueva nuestras fuerzas. Entonces, la fe no solamente cree en las promesas de Dios; también confía en Sus métodos y Su tiempo perfecto para la victoria.
En el otro lado, el enemigo dice: Está bien, confía en Dios, pero sus métodos son sufridos y lentos; todo se tardará más. Esa fue su estrategia para tentar a Jesús, diciendo: Todos estos reinos te daré si me adoras, pero Jesús solamente decidió confiar en la fidelidad del Padre.
La tercera mesa es la Pascua y la comida es un cordero por familia, con pan sin levadura y hierbas amargas.[5] Esta mesa es la promesa de libertad de Dios para su pueblo. El pueblo de Dios estaba siendo esclavo en Egipto; para sacarlos de la esclavitud, Dios le hace una promesa a su pueblo. Los invita a una mesa y les dice: «Hagamos un pacto». ‘He escuchado tu clamor; si tú me escoges a mí, me pones en primer lugar y confías en mis procesos, voy a darte libertad’. Celebraron la cena del Señor y luego salieron. Ahí es donde empieza todo el éxodo del pueblo de Dios desde Egipto.
Entre los sabores que veo en esta mesa está la redención y la justicia, porque Dios es juez justo y sale en nuestra defensa. Algo que no merecemos, pero Dios se extiende en nuestra necesidad y eso es experimentar el sabor de su misericordia. Ahora bien, debemos comprender que hay algo hermoso en la cruz y es que Jesús atravesó dolor. Dios le dio propósito al sufrimiento y ese propósito es salvación para todos nosotros.
Ahora, el enemigo quiere decirte que Dios es malo cuando atraviesas por dolor y con eso procura romper tu comunión con Dios en esta mesa. Pero Dios sigue siendo bueno a pesar del sufrimiento y por eso tenemos la esperanza de que un día Cristo Jesús nos va a redimir por completo.
La cuarta mesa se desarrolla con Jesús[6]; donde nuevamente tenemos el pan y el vino, y somos invitados a la mesa. Acá el sabor que puedes ver es la gracia; somos llenos de la gracia de Jesús. Todos pecamos y aun así Jesús nos ha dado gratuitamente la salvación; además, toma nuestro lugar de castigo por su amor sacrificial.
Así que el pecado entró al mundo por una comida y Jesús vino a restaurarnos a través de una comida. Adán tomó el alimento del fruto para su beneficio; en cambio, Cristo Jesús acá está repartiendo el alimento, por eso encontramos gracia, amor sacrificial y perdón.
Ahora, el enemigo dice: No confíes en Cristo Jesús, confía más en tus fuerzas; se trata de ti y no de los demás, se trata de retener y no de dar, de avaricia y no de generosidad. En este nuevo pacto, Jesús dice: Te perdono, voy a transformar tu vida siempre que te acerques.
En la quinta mesa tenemos una invitación para ir a las Bodas del Cordero.[7] Es el momento donde Cristo Jesús va a venir a gobernar sobre todas las cosas. Y acá el pacto es que, si escogemos a Jesús, nos enseñará a disfrutar la vida en forma plena y abundante. El atributo de Dios en esta mesa será victoria; Jesús es victorioso y estará gobernando todo porque ha vencido todos los males de la humanidad y restauró todas las cosas.
Otro atributo es Su fidelidad. En cada una de las mesas nos ha invitado a tener comunión con Él y lo logra; por momentos caemos y volvemos a Él, y nos tiene paciencia cuando le fallamos. Pero siempre nos vuelve a recibir por su fidelidad. ¡Entonces, cómo no vamos a celebrar esas bodas con Él! Todo empieza con comunión y termina con intimidad perfecta.
Recordemos que el reino de los cielos es como una invitación a comer y Jesús contó la parábola de la invitación a la cena para ilustrarlo de mejor forma.[8] El Señor ha preparado una comida y salió e invitó a las personas. Los invitados enviaron razones de su ausencia y no atendieron a la invitación. Así se abrió la oportunidad para todos los no invitados.
En la cena con Jesús, el enemigo dice que ni siquiera llegues, y el reino de los cielos es como una mesa servida para quienes estén dispuestos a sentarse en la mesa con el Señor. Y quiero creer que somos una iglesia que, cuando nuestro Señor nos llame a comer con Él, decidimos dejarlo todo con tal de pasar ese tiempo con Dios.
En síntesis, en ese tiempo hermoso con nuestro Señor, en las cinco mesas se nos revelan los atributos de Dios, los pactos que Dios ha querido hacer con nosotros y la fatal posibilidad de fallar y ponerle atención al enemigo. En una mesa hubo frutos con uno prohibido; allí saboreamos la bondad de Dios, la sabiduría y Su santidad. En la segunda mesa hallamos pan y vino para saborear notas de Su fidelidad, soberanía y fe en sus métodos. En la tercera mesa, la de la Pascua, saboreamos su redención, justicia y misericordia para llevarnos a la libertad. En la cuarta mesa, Jesús presenta nuevamente pan y vino con el anuncio de que así será la cena en el reino de los cielos. En la mesa de Jesús, la degustación es de gracia, amor sacrificial y perdón. En tanto, en la mesa número cinco hallamos victoria, fidelidad y comunión perfecta.
En conclusión, en cada pacto, Dios nos invita a confiar en Él; el pecado nos lleva a buscar vida fuera de Él, pero Jesús derramó su sangre para traernos de regreso a su mesa. Sin embargo, el enorme problema es que no llegues a descubrir los atributos de Dios. El Espíritu Santo trae libertad y, si tienes comunión con Dios, serás capaz de saborear sus atributos divinos.
Finalmente, la tragedia mayor ya no sería comer de lo prohibido, sino rechazar la mesa que Dios ha preparado. No importa si te has alejado una vez más, Dios sigue siendo fiel con su gente; Él nos ama profundamente y nada nos podrá separar del amor de Dios; ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna cosa creada te separará de la comunión que tienes con un Padre celestial que te está esperando en la mesa.
[1]Lucas 14:15 (RVR1960): Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.
[2]Génesis 1:27-29 (RVR1960): Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
[3]Génesis 2:16-17 (RVR1960): Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.
[4]Génesis 14:17-19 (RVR1960): Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. 18Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra;
[5]Éxodo 12:1-3 (RVR1960): Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 2Este mes os será principio de los meses; para vosotros será este el primero en los meses del año. 3Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.
[6]Lucas 22:14-20 (RVR1960) Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. 15Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! 16Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
17Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;
18porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
19Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
[7]Apocalipsis 19:7-9 (RVR1960): Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. 9Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.
[8]Lucas 14:15-24 (RVR1960): 16Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla…(19-20); (21-22)…Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres… 23Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.24Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.
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