Historia de tres padres

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La historia del discípulo de Pablo llamado Timoteo es la de tres padres. Es una experiencia de adopción, igual que la historia de mi familia. Yo tengo tres hijos, dos biológicos y mi princesa, Sofi, que es adoptada. Ella tiene tres padres, uno biológico, uno verdadero (que soy yo), y su Padre celestial. El proceso de adopción es muy complicado, tanto que cuando le pregunté a Dios por qué, me contestó: “¿Cuánto crees que me costó adoptarte? ¡Entregué a Mi Hijo para lograrlo!”

Timoteo era un joven de más o menos 16 años cuando Pablo lo conoció. Servía en la iglesia y Dios lo usaba, aunque creció en una familia un poco disfuncional, mixta, porque su madre era judía y su padre era griego. Ahora nos casamos sin importar raza o cultura, pero antes era mal visto. Su madre le hablaba acerca de la fe en Dios, pero su padre le hablaba sobre filosofía humanista. Siendo un joven, aún no estaba circuncidado como todo niño judío porque seguramente su papá no lo permitió[1]. Eso puede suceder ahora, realmente todas las familias son disfuncionales, lo único que varía es el grado de disfuncionalidad y cómo lo manejan. También puede ser que en tu familia solo tienes mamá, papá, abuelita o tíos, no sé, lo importante es que, así como Timoteo, tú puedes ser alcanzado por la gracia de Cristo Jesús para tener un futuro extraordinario.

Timoteo conoció a Cristo Jesús en su niñez y adolescencia. Es importante que invirtamos tiempo para que nuestros hijos conozcan a Jesús y que su vida sea transformada desde la infancia. Timoteo tuvo un padre biológico y también conoció a su Padre celestial; luego, llegó Pablo a su vida. Lo conoció en la iglesia y podríamos decir que lo adoptó como su discípulo porque se había hecho notar con su trabajo y servicio. Quizá sientes que nadie valora tu esfuerzo, pero te aseguro que Dios te promoverá por tu trabajo en Su casa.

Timoteo tenía tres padres: uno terrenal, uno celestial y uno en la fe. Eso provocó que alcanzara su máximo potencial y llegara a ser uno de los mejores maestros en la Palabra. Pablo lo enviaba a las iglesias a enseñar, instruir y guiar[2]. Llegó a ser el líder de la iglesia en Éfeso. Alcanzamos nuestro máximo potencial cuando honramos a nuestro padre biológico, adoramos a nuestro Padre celestial e imitamos a nuestro padre en la fe. De esa forma rompes todos los límites y barreras, alcanzas tu propósito, ves milagros en tu futuro. Tomando en cuenta esto, consideremos lo que implica la relación con cada uno de tus padres.

Número uno, si honramos a nuestros padres biológicos, recibimos libertad. El padre de Timoteo era griego, anticristiano. Sin embargo, el joven tenía buena reputación, seguramente era buen hijo con su padre. Lo respetaba, amaba y valoraba, aunque fuera griego. Uno de los mandamientos más importantes es honrar a tu madre y a tu padre para que te vaya bien y disfrutar largos días sobre la tierra. Alguno puede decir: “Tú no conoces a mi papá. Nos abandonó”. Sí, quizá tu padre no es perfecto. Mis abuelos fueron misioneros en Michoacán, pero cuando mi padre tenía trece años, su padre dejó a mi abuelita y tuvo más de cinco mujeres, a pesar de predicar, ser misionero y fundador de iglesias. ¡La meta de mi padre era matar a su padre! Pero a los 16 años, sintió como un amor líquido por sus venas. Perdonó a su papá y comenzó a honrarlo. Quizá no compartas lo que tu padre hace, pero debes honrarlo. Los últimos siete años de vida de mi abuelito, mi papá lo cuidó y solo antes de morir, mi papá escuchó de su padre: “Estoy orgulloso de ti”, cuando ¡mi papá tenía 61 años! Honra a tus padres, aunque consideres que no lo merecen. Incluso a los que hemos tenido buenos padres, nos cuesta porque la deshonra se origina por el pecado en nuestro corazón. Mi papá es un pan de Dios, una chulada de hombre, un oso de peluche. Le brota miel, ama a todo mundo, perdona y sonríe siempre. La primera vez que me vio predicar, me dijo: “Lo hiciste bien, solo que no sonreíste suficiente”. A pesar de eso, durante mi adolescencia, todo lo bueno de mi papá me caía mal, le preguntaba: “Por qué siempre sonríes… haz mala cara de vez en cuando… por qué eres tan generoso, no seas tan bueno con la gente”. La honra habla de quien soy yo, no de quién es esa persona. A los 18 años, comencé a honrar a mi padre porque vi que él honró a su padre a pesar de todo. No sé si tu padre es bueno o malo, si es extraordinario o mediocre, solo sé que Jesús puede sanar tu corazón para que honres a ese padre, no porque lo merezca, sino porque tú actúas conforme al amor de Cristo en ti. ¡Alcanza tu potencial honrando a tus padres! Recibes libertad para disfrutar de la herencia de bondad que viene de tus generaciones cuando cortas el ciclo de la deshonra y decides honrar a tus padres, ¡deja la amargura y comienza a ser agradecido!

Número dos, adorar a nuestro Padre celestial fortalece nuestra identidad. Mi papá conoció a su Padre celestial y recibió esa identidad que provocó romper con esa cadena de infidelidad. Mi papá ha estado casado 42 años con mi mamá, su pelirroja bella. Mi mamá dice: “Juan me ha amado en talla chica, media, grande y XL. En cada etapa de mi cuerpo y de mi vida”. Mi padre pudo hacerlo porque no recibió identidad de su padre terrenal sino de su Padre celestial, quien le enseñó sobre integridad, hombría, fidelidad, amor y honra. No importa qué ejemplo has recibido, no debes cometer los mismos errores de tus padres. Mientras digas: “No quiero ser como mi mamá”, estás deshonrándola. Mejor decir: “Amo a mi mamá, gracias por su vida, pero recibo de mi Padre celestial lo que necesito para ser diferente a ella”. No deshonres a tus padres, pero cambia tu identidad, según la que nuestro Señor quiere darte.

Número tres, respetar e imitar a nuestros padres en la fe nos abre puertas de prosperidad. Al leer que Pablo circuncidó a Timoteo hacemos corto circuito, pero la circuncisión que tenemos ahora no es en la carne sino en el corazón. Cuando pones tu fe en Cristo Jesús, el pacto ya no se hace por circuncisión física sino por gracia. Pero en aquellos tiempos, como Timoteo era judío, sabía que si enseñaría a judíos, debía ser circuncidado, no para su salvación sino para que alcanzara su máximo potencial. En la iglesia, los mayores son padres de los menores. A veces dicen: “Estos jóvenes de hoy ya no son como antes”. Y los jóvenes dice: “Los rucos no nos entienden”. Hay una lucha de generaciones, pero lo mejor sería que los mayores dijeran a los jóvenes: “Quiero cuidarte, apoyarte, darte consejos”. Y que los jóvenes dejaran de ver a los mayores como viejos raros, comenzaran a imitar, a tener una actitud más receptiva. Joven, ¡hay empresarios y mujeres sabias que pueden enseñarte tanto! Dejemos de pelearnos entre generaciones. Pablo circuncidó a Timoteo, quien se dejó circuncidar. La iglesia debe ser una familia donde hay padres, madres e hijos en la fe. Honra a tu padre terrenal, adora a tu Padre celestial e imita a tus padres en la fe para alcanzar todo tu potencial.

A veces se admira a ciertos líderes por los resultados que alcanzan, pero no se les imita en la fe, el esfuerzo, el sacrificio y la tenacidad[3]. En casa teníamos mentalidad de pobreza, nunca había suficiente dinero, usábamos ropa de segunda mano que mi abuelita llevaba a casa. No digo que esté mal si es la provisión de Dios, pero no debe limitarnos. Nos costaba trabajo ir a la tienda a comprar un pantalón nuevo; teníamos inseguridades, en mal plan, pero mi padre en la fe, Pablo Johansson, un hombre sencillo y lleno de confianza, me enseñó sobre fuerza y seguridad. Comencé a imitarlo y en mi vida se han roto limitaciones que recibí de mi hogar, a pesar de que mi familia era genial. Imita a tus líderes, habla como ellos, esfuérzate como ellos; sé igual a Timoteo y cumplirás tus sueños porque desarrollarás todo potencial. Dile al Señor: “Jesús, hoy decido honrar a mis padres, dejaré de criticarlos, decido amarlos, valorarlos, hablar bien de ellos, servirles, respetarlos. Recibo libertad para bendición. Declaro que cada maldición generacional es rota, recibo identidad de mi Padre celestial. Aprendo de Tu amor, generosidad y corazón. Decido imitar a mis pastores y a mis padres en la fe. Ayúdame a ser humilde para aprender de otros hombres y mujeres para alcanzar mi máximo potencial”.


[1] Hechos 16:1-3: Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.

[2] 1 Corintios 4:17: Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.

[3] Hebreos 13:7: Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.

 

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