Esta nueva serie se llama Pan y vino porque tiene un significado emblemático y trascendente que todos debemos comprender para vivir como hijos bendecidos. Nosotros podemos decirle a Dios, te amo. Pero el que primero hizo el acercamiento con amor a tu vida fue Dios. Dios te amó así como venías para recogernos, abrazarnos y perdonarnos. En otras palabras, Él nos dio el amor con el que podemos amarlo.
Cuando Dios quiso hijos, dio a Su hijo, así provocó que nos convirtiéramos de criaturas a hijos; si somos hijos, también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, es decir, nos dio los mismos derechos de todo un hijo. Entonces, cuando quiso ovejas, entregó al cordero y ahora somos sus ovejas. Cuando deseó un pueblo de reyes y sacerdotes, dio al sumo sacerdote y rey de reyes, Jesús que nos hizo reyes y sacerdotes para Dios Padre. En su segunda venida, Jesús viene a recoger el trigo que somos nosotros y por eso dijo: «Si el grano no cae y muere, quedará solo; mas, si cae y muere, llevará mucho fruto».[2] Jesús fue sembrado en tierra y cuando resucita se inicia la gran cosecha hasta nuestros días.
Por consiguiente, Dios es alguien que jamás nos viene a pedir algo que de antemano no nos hubiera dado. Entonces, si Dios ya nos ha dado todo. ¿Qué hay de malo que Dios pida? Él pide que lo ames porque nos amó primero.
Dos reinos estaban en tiempos de Abram, el de Salem y el de Sodoma. Ambos tenían una propuesta para Abram y él tuvo que decidirse por una de las dos.[3] Melquisedec, rey de Salem, sale a recibir a Abram y le ofrece pan y vino, admitiendo que era un hombre bendecido por Dios, y Abram le entrega los diezmos de todo. De otro lado, sale el rey de Sodoma y le ofrece bienes a cambio de los prisioneros de guerra.
Abram decidió no recibir bienes de Sodoma porque él ya estaba bendecido por Dios; aceptó el pan y el vino que venía del sacerdote de Melquisedec. Tener pan y vino implica tener comunión. El rey de Salem venía a decir: Dios quiere vivir en comunión contigo, por eso te sirvo el pan y el vino. El pan significa provisión y el vino conduce al pacto y la comunión.
Y eso de recibir ofertas que no vienen de Dios también nos ocurre a nosotros; cuando tomas la decisión correcta de comunión con Dios, puedes decir: ¡A mí es Dios quien me bendice!
Recuerda, no toda buena oferta viene de Dios. Empieza por el pan y el vino; eso significa empezar por Su Cuerpo y Su Sangre y luego deja que Dios haga y te bendiga con toda la abundancia que Él tiene. No necesitas trucos para hacer negocios. No necesitas la riqueza de ninguna persona, porque Dios es quien te bendice. El ofrecimiento del pan y el vino por Melquisedec le cambiaría la vida para siempre a Abram y su respuesta mostraba lo que había en su corazón.
¿Y qué le dijo? Bendito seas tú y bendito el Dios que te bendice; eso fue todo.[4] No hay maldición en mi casa, no hay maldición en tu familia, no hay maldición en tu descendencia porque ya estás bendito. Las bendiciones las trajo Jesús y toda maldición se rompe en la cruz del Calvario. Primero saca pan y vino; después bendice a Abraham. Y solamente después Abraham responde entregando el diezmo. Ese orden revela cómo obra Dios. Dios siempre da antes; luego queda en nosotros responderle a Él. Ahora, si ya eres bendecido, no seguirás delinquiendo. No somos bendecidos para seguir haciendo trinquetes; eso queda atrás.
No rechaces la invitación del cielo
La historia de Dios y la humanidad se repite y sigue un mismo patrón desde el Edén. Primero Dios plantó el huerto, creó los animales, las plantas, los árboles, las aves, mares y montañas. Creó al hombre y lo trajo al huerto de bendición. ¿Sabías que Dios ya tiene bendiciones preparadas desde antes de que nacieras de nuevo? Una vez naces de nuevo, te pone en donde está tu bendición; ese es el mismo patrón hasta nuestros días.
Dios es el origen de la bendición; Él ha dado primero, porque todo inicia con Dios. Entregó a su Hijo, fue a la cruz y después nos llamó a servirle. El reino nunca empieza con obligaciones, siempre inicia con bendiciones. Esto es lo que ocurre en la parábola de la gran cena. Primero extiende la gracia de la invitación, envía a sus criados a llamar a todos los convidados diciendo que todo está preparado; la mesa estaba lista.[5] Después sigue la decisión de asistir por parte de los invitados y lamentablemente declinaron su asistencia con excusas de todo tipo.
Cuando sabes que viene la invitación del cielo, no pongas excusas. Cuando Jesús te invita a congregarte, te invita a adorar a Dios, ¿por qué decirle que no puedes?
En la parábola de los talentos, el señor les dio los talentos y la orden de ponerlos a trabajar. Al que cumplió con ganancias lo llamó siervo fiel y lo promovió diciendo: Sobre mucho te pondré. En tanto, al que no produjo nada con su talento le llamó siervo malo y negligente y lo excluyó de su presencia.[6] La lección es clara: Dios primero da, luego pide cuentas y, depende de cómo respondemos, nos promueve. La fórmula es: Dios me da, yo respondo y luego me promueve. Dios merece nuestra lealtad.
Abram entregó los diezmos a Melquisedec y lo de diezmar nace en un corazón agradecido por las victorias y la bendición que Dios da; fue una decisión voluntaria de Abram por su gratitud en la victoria. Entonces, los diezmos no compran ninguna bendición porque bendecido ya fuiste. Cómo responde cada uno a esa bendición es una decisión personal. La respuesta a la bendición que Dios nos ha dado revela el corazón que tenemos. Lo que Dios nos ofrece siempre será mejor. Abraham rechazó la riqueza de Sodoma y llegó a ser más rico que ese rey. Sodoma te ofrece prosperidad alejado de Dios. Salem ofrece comunión con Dios y, si esto no basta, nada será suficiente en tu vida.
Esaú menospreció su primogenitura y luego vivió amargado el resto de su vida. Jacob se cambió de nombre por Israel; fue una decisión. Entonces, una elección puede cambiarlo todo. Lo opuesto de Abraham fue el hijo pródigo, que decidió irse lejos de su casa para gastarlo todo porque pensaba que tendría una vida mejor, más placer, más libertad y más satisfacciones; pero el mundo siempre promete más de lo que puede dar y así terminó deseando la comida de los cerdos.[7]
En la escena de la última Cena de Jesús, tomó el pan y dio gracias, luego lo partió diciendo: «Esto es mi cuerpo». Luego tomó la copa y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros es derramada».[8] Con este acto reaparece el pan y el vino que ofreció Melquisedec, pero Jesús presentó Su cuerpo y Su sangre.
En conclusión, todo se reduce a elecciones que hacemos siempre de cara a las ofertas de Sodoma que parecen buenas, pero llevan a perdición. Pero Dios sigue poniendo delante de nosotros pan y vino. Sodoma y sus promociones no son tu opción, pero si tú te crees que Dios te puede bendecir, espéralo.
Referencias
[1]1 Juan 4:19-21 (RVR1960): Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 20Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
[2]Juan 12:24 (RVR1960): De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
[3]Génesis 14:17-24 (RVR1960): Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. 21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. 22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, 23 que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; 24 excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.
[4]Génesis 14:18-20 (RVR1960): Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano.
[5]Lucas 14:16-17 (RVR1960): Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos; y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.
[6]Mateo25:22-30 (RVR1960): Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. 23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 24 Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 26 Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27 Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 28 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
[7] Lucas 15:17-20 (RVR1960): Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
[8]Lucas 22:19-20 (RVR1960): Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
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