18 de agosto de 2026
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El génesis de la serie “Pan y vino” surge de la historia de Abram y Melquisedec, rey de Salem, según las decisiones tomadas por Abram, el padre de la fe, de cuya simiente viene la bendición a todas las familias de la tierra.[1] Esta es una narración que fundamenta las enseñanzas de las últimas semanas.
¿Cuántos se han encontrado con Cristo Jesús y cuántos reconocen que gracias a su sacrificio tenemos nuestros pecados perdonados? De ese encuentro, recibimos también pan y vino que representan provisión y presencia divina; a pesar de eso, siempre tendremos otras ofertas que pueden apartarnos de la perfecta voluntad de Dios, en donde el futuro inmediato producirá cambios duraderos.
Entonces, tienes la opción del reino de los cielos y también la del humano, con sus atractivas riquezas pasajeras en un camino incorrecto. El Espíritu Santo nos guiará a discernir Su reino todos los días; eso es lo más importante.
En la lista de los héroes de la fe sobresale su obediencia, pero cada uno de los verbos resalta profundas verdades y tres de ellos presentan el verbo consideró. Así como Sara, que recibió fuerza para concebir, pues consideró fiel a aquel que lo había prometido, porque lo que consideras modifica tu comportamiento.[2]
Muchas veces nuestro comportamiento no es uno de fe porque no tenemos la consideración correcta y alineamos la conducta y decisiones de esa manera. Así como Sara consideró la fidelidad de Dios en primera instancia, porque Dios es fiel a su carácter. Por tanto, no puede mentir y cumple Sus promesas; entonces, podemos creer en todas sus promesas.
Contrario a la condición de Sara, Zacarías, el padre de Juan el Bautista, se quedó mudo porque no creyó que su esposa de edad muy avanzada podría tener un hijo; su consideración lo hizo comportarse en forma errática.[3] Porque aquello que más consideramos termina gobernando nuestras decisiones. Entonces, tenemos la Palabra de Dios, pero también tenemos otras consideraciones.
De hecho, en Hebreos, cuando se mencionan consideraciones, se observa la consideración de Sara, Abraham y Moisés. La consideración de Sara y de Moisés utiliza el término griego: Hēgéomai, que significa: “evaluar cuidadosamente, sopesar, llegar a una conclusión después de comparar y colocar el mayor valor de una sobre otra”.
En tanto, Abraham tuvo ante sí dos reinos y consideró ambas opciones en donde el verbo utilizado del Gr. Logízomai, que significa: “hacer las cuentas, razonar, sacar una conclusión lógica”.
Porque lo que considero modifica mi comportamiento. Así decidió en dónde poner su confianza, pero Sara comparó entre la Palabra de Dios y su cuerpo, entonces decidió valorar más la Palabra de Dios. En el caso de Zacarías, al comparar la palabra de Dios con su cuerpo, decidió valorar más su cuerpo.
En el caso de Abraham, fue probado, así como todos estamos sujetos a ser probados, y consideró la fidelidad de Dios como poderosa para levantarle una descendencia.[4] Abraham llegó a la conclusión lógica de que le convenía más confiar en Dios y su fidelidad, y por eso, caminó con fe, modificó su comportamiento por el poder de Dios. Comparemos esta actitud con la de los doce espías que fueron a reconocer la tierra prometida.[5] Diez dijeron: «No podremos contra ellos porque su consideración estaba en sí mismos», y dos, Josué y Caleb, dijeron: Los podemos conquistar, porque su confianza estaba en Dios». Abraham, aferrado a Dios, dijo que solamente Él podría levantar descendencia de alguien aun entre los muertos.
Tengamos la actitud como Josué y Caleb; si Dios está con nosotros, esa tierra, esos gigantes, esos enemigos no son nada comparados con el poder de Dios. Aquel que camina conmigo, que me da las fuerzas y las estrategias, que pelea junto conmigo, me respalda y otorga la victoria que Él mismo anunció. Entonces, aprendemos que, al considerar la fidelidad de Dios, el reino de los cielos nos invita a creer por promesas como la restauración de tu familia y tu milagro.
La fidelidad de Dios invita a creer una promesa y Su poder nos llama a pelear por lo prometido porque, como cristianos, tenemos que luchar y no quedarnos de brazos cruzados esperando que Dios haga todo. La pelea y la batalla son para traer el reino de Dios y que se establezca con su justicia, su amor y su paz aquí en la tierra, porque esa es su promesa suprema.
Moisés comparó sus opciones y escogió ser maltratado con el pueblo de Dios antes que quedarse con la falsa ilusión de los placeres de Egipto.[6] Así consideró sufrir el oprobio de Cristo porque tenía la mirada fija en la recompensa. El reino de Dios siempre está delante del antirreino y nos toca considerarlo y hacerlo de la forma correcta.
Al contrastar a Moisés con Esaú, se observa que Esaú menospreció la primogenitura, que era la bendición, por un plato de comida, porque tenía hambre y estaba cansado. Juró que no le interesaba la primogenitura, comió y se fue.[7] Esaú consideró sus fuerzas y menospreció la recompensa de las promesas cumplidas por Dios, en un momento de hambre. En cambio, Moisés consideró la recompensa y menospreció los tesoros de faraón.
En síntesis, Moisés está delante de dos reinos y elige el reino de los cielos. Abraham, delante de dos reinos, elige bien el reino de Dios. Y todos los días tenemos los dos reinos delante de nosotros. Podemos elegir uno por encima del otro. Hemos contrastado a Sara con sus decisiones de confiar en el carácter de Dios y no en su cuerpo, como lo hizo Zacarías. Comparamos a Abraham, que creyó que era poderoso el que lo había prometido, con los doce espías y a Moisés, que despreció Egipto, con Esaú, que prefirió un plato de comida antes que la bendición de primogénito.
En conclusión, considera la fidelidad de Dios cuando todo parece inalcanzable. Si Dios dijo que iba a proveer, a bendecirte, considera la fidelidad de Dios. Si te encuentras débil, considera al Todopoderoso Dios que lo prometió. Pelea por lo que Dios ha puesto en tu corazón, por ver el carácter de Cristo en tu vida y por lo que lees en la Palabra de Dios. Y al igual que Moisés, considera las recompensas de Dios para tu vida, hasta ver el reino de Dios establecido acá en la tierra.
Finalmente, recuerda que el justo por su fe vivirá. Y eso es elegir un reino por encima del otro, el Reino de Cristo Jesús, por encima del reino caído de los hombres.
[1]Génesis 14:17-23 (RVR1960): Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. 21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. 22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, 23 que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram.
[2]Hebreos 11:1-11 (NBLA): Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 2 Porque por ella recibieron aprobación los antiguos. 3Por la fe entendemos que el universo fue preparado por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas visibles. (4…7) 8Por la fe Abraham, al ser llamado, obedeció, saliendo para un lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba. 9Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, 10porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel a Aquel que lo había prometido.
[3]Lucas 1:18-20 (NBLA): Entonces Zacarías dijo al ángel: «¿Cómo podré saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada». 19El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas. 20Así que te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo».
[4]Hebreos 11:17-19 (NBLA): Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo. 18Fue a él a quien se le dijo: «en isaac te será llamada descendencia». 19Él consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde también, en sentido figurado, lo volvió a recibir.
[5]Números 13:30-31 (NBLA): Entonces Caleb calmó al pueblo delante de Moisés, y dijo: «Debemos ciertamente subir y tomar posesión de ella, porque sin duda la conquistaremos». 31Pero los hombres que habían subido con él dijeron: «No podemos subir contra ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros».
[6]Hebreos 11:24-26 (NBLA): Por la fe Moisés, cuando ya era grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, 25escogiendo más bien ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado. 26Consideró como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa.
[7]Génesis 25:32-34 (NBLA): «Mira, yo estoy a punto de morir», le dijo Esaú; «¿de qué me sirve, pues, la primogenitura?». 33«Júramelo primero», replicó Jacob. Esaú se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob. 34Entonces Jacob dio a Esaú pan y guisado de lentejas. Él comió y bebió, se levantó y se fue. Así despreció Esaú la primogenitura.
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