Aunque expresiones como “morirse de la emoción” suelen usarse de forma coloquial, diversos estudios han demostrado que los eventos deportivos masivos pueden incrementar la incidencia de infartos, arritmias y otras dolencias cardiacas, especialmente en personas con enfermedades cardiovasculares preexistentes con factores de riesgo. Incluso, se sabe que el cuerpo actúa similar a lo que se vive frente a una amenaza real cuando se desatan las pasiones en un juego de futbol de alta intensidad; por eso es bueno aprender acerca de las emociones.
La ansiedad es una de las emociones más peligrosas que existen, al igual que el afán, porque nos conducen a las tinieblas y a la oscuridad. Eso es lo que vamos a demostrar según la Palabra de Dios. Un versículo enseña que la mejor forma para cualquier sufrimiento es la causa de Cristo, pues por ella vivimos.[1] Este es uno de los versos más motivadores que existen, porque asegura que nada nos podrá separar del amor de Dios y que seremos más que vencedores sobre cualquier adversidad.
Somos presa de ese tipo de emoción negativa, que nos conduce a tomar decisiones que pueden llevarnos a la oscuridad. Por lo tanto, el afán y la ansiedad son emociones que tenemos que aprender a atacar y a destruir en nuestra vida.
Jesús fue empático con los seres humanos porque dijo: «No se afanen por qué habrán de comer y vestir. Busquen el reino de Dios y todo esto será añadido». ¡Tranquilos! «En el mundo tendrán aflicción, pero confíen; yo he vencido al mundo». En mí tendrán paz; si están en tinieblas, síganme y estarán en la luz. Si tienen hambre, vengan a mí y no tendrán más hambre. Jesús vino a resolvernos todos los problemas de la vida, desde el mínimo al máximo. Y Su evangelio ha venido hasta aquí; gracias a eso, Jesús sabía a qué venía.
La ansiedad está definida como un estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad. Ahora bien, Dios solo exalta a aquellas personas que antes lo exaltaron a Él.[2] Si sé exaltar a Dios, seré capaz de manejar la exaltación que Dios me dé. La ansiedad, como estado negativo, se mueve en dos entornos. La primera es en una posición que quisieras tener, pero que aún no tienes; “y serás exaltado”. La segunda es una condición de tiempo. A veces, se entra en un tipo de ansiedad de donde se quiere salir rápido. Esa ansiedad no permite que posterguemos la satisfacción de algunos deseos a largo plazo, sacrificando el corto plazo.
Por cierto, a las personas que más aprendieron a postergar satisfacciones es a las que mejor les va en su economía. La persona que todo lo quiere con urgencia deja que la ansiedad maneje sus gastos y, en ese estado, corre el riesgo de endeudarse. Por lo tanto, el que maneja la ansiedad es el campeón.
Pablo expuso que la humillación y la exaltación las sabía soportar cuando dijo: «He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación; sé tener hambre y sé estar saciado, tener abundancia y tener escasez; todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Es decir, sé humillarme y también puedo recibir la exaltación que Dios me quiere dar a Su tiempo. Recuerda, Dios tarda en tu tiempo, pero siempre llega a tiempo, en Su tiempo.
La ansiedad viene de la desconfianza de que Dios nos ayudará. La ansiedad fue el estado mental que manifestó Saúl anticipándose a las instrucciones que había recibido; por eso perdió su reinado. Era cuestión de tiempo; si Dios dijo espera al profeta, debía hacerlo; así tomó una acción apresurada y las decisiones tomadas a la carrera, por lo regular, no son bendecidas.
Cuando acepto que el tiempo para alcanzar una meta va a ser largo, el afán declina y sube la confianza de que Dios lo hará en Su tiempo. Quien maneja los tiempos es Dios, porque Él es el Dios de las estaciones. Por lo tanto, quien maneja los tiempos lo hace a tu favor. Todo aquel que confía en Dios, pero que es responsable de lo que tiene que hacer, es inteligente, porque sabe que Dios va a intervenir.
Quizá nos hemos equivocado por impacientes y pusimos en alto la necedad.[3] Sin embargo, la ventaja de adquirir paciencia es que «con fe y paciencia se heredan las promesas». Ten presente que la ansiedad también provoca aflicción y la más difícil de manejar es aquella en donde otro tiene el control.[4] Por ello, no pidas que otro resuelva el problema que tú debes resolver.
La ansiedad es algo destructivo, destroza el alma y lleva hasta el nivel del polvo.[5] La palabra abatida significa tomada por algo. Entonces, la ansiedad es nociva porque conduce a tomar decisiones que jamás tendrías que haber tomado. Luego, se va la ansiedad, pero deja los resultados de tu decisión.
La Palabra de Dios, sus estatutos, sus mandamientos y sus maravillas curan la ansiedad. Eso se forma internamente volviéndolo a vivir. Lo que ocurre es que estamos cargados de tantas imágenes continuas que ya no sabe el cerebro qué escoger como un recuerdo. No hay mejor forma de terminar un día que cerrando los ojos para contemplar las maravillas que Dios ha realizado.
La carta de Pablo a los filipenses señala cómo podemos combatir esta condición.[6] ¡Nada es digno de tu afán! La ansiedad como estado emocional reside en la mente, pero se va haciendo notoria tu petición delante de Dios. Jesús dijo: «Pidan», el Padre le dijo a Jesús: «Pídeme y te daré por herencia las naciones». Por tanto, pedir es importante porque denota tu interés.
Vives en modo ansiedad o estás en modo de gratitud. Por eso, dar gracias elimina la ansiedad. Es decir, no se puede sacar la ansiedad, a menos que sientes en esa silla a la gratitud.
Empieza a confesar: Gracias, Señor, por este día, por este amanecer, gracias porque puedo ver, hablar, sentir, oler y comer. Gracias por la silla donde me siento, por este comedor, gracias por esta pequeña estufa, gracias por mi familia, porque recibo un abrazo y tengo con quién hablar. Gracias porque, aunque perdí mi empleo, nunca me ha faltado nada. Gracias, porque sé que «no he visto justo desamparado ni su simiente que mendigue pan», y no seré el primero al que le falte. Gracias, Señor, porque contigo el futuro está garantizado. ¡Muchas gracias, Señor! De esta manera, cuando estás tan agradecido por este día, la ansiedad del siguiente día se va y aparece la paz de Dios.
Invierte tiempo en la oración, la adoración y en hacer una lista de las cosas por las que estás agradecido. Empieza a imaginar lo mejor, porque las peleas más intensas de la vida se llevan a cabo en tu mente. Entonces, cuando pareces vencido y finalizas tu día recordando los buenos momentos vividos, aunque sea un solo momento. Pero no recuerdes los malos momentos, porque sería darles poder y regarlos como cultivo para que se conviertan en un monstruo dentro de ti. Por el contrario, piensa en lo bueno y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará tu corazón.[7]
Cuando has dado gracias a Dios, surge una nueva emoción, pues sustituyes el asedio de la ansiedad por pensar en todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, bueno, lo que es digno de buen nombre, porque tú decides qué pensar, qué agradecer y lo que vas a sentir.
Con Dios es cuestión de tiempo; dice la Biblia que «siempre habrá un final dichoso para aquellos que en Dios confían»[8]. De acuerdo con esta escritura, tu vida terminará bien. El apóstol Pedro enseña que el diablo anda como león rugiente, buscando a quién devorar, y afirma que debido a eso echemos toda la ansiedad sobre Jesús, para no ser devorados por ella; porque Dios tiene cuidado de nosotros.[9]
Finalmente, permanezcamos humillados bajo Su poderosa mano durante un tiempo, mientras llega el día de ser exaltados por Dios. Y pasado ese tiempo, Dios nos perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá. ¡Es cuestión de tiempo y todo saldrá bien!
[1]Romanos 8:35-39 (RVR1960): ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó, por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
[2]1 Pedro 5:6-7 (RVR1960): Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; 7echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
[3]Proverbios 14:29 (RVR1960): El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.
[4]Proverbios 11:15 (RVR1960): Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro.
[5]Salmos 119:25-28 (RVR1960): Abatida hasta el polvo está mi alma; vivifícame según tu palabra. 26Te he manifestado mis caminos, y me has respondido; enséñame tus estatutos. 27Hazme entender el camino de tus mandamientos, para que medite en tus maravillas. 28Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra.
[6]Filipenses 4:6-7 (RVR1960): Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
[7]Filipenses 4:8-9 (RVR1960): Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. 9Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.
[8]Salmos 37:37 (RVR1960): Considera al íntegro, y mira al justo; porque hay un final dichoso para el hombre de paz.
[9]1 Pedro 5:8-11 (RVR1960): Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 9al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. 10Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. 11A Él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
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