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Casa de Dios

Los beneficios de perdonar

Pastor Cash Luna

28 de julio de 2026

Tiempo de lectura: 6 minutos

En las últimas reuniones aprendimos cómo manejar la ansiedad. La escritura dice que nos humillemos bajo la poderosa mano de Dios y él nos va a exaltar cuando sea tiempo, echando toda nuestra ansiedad sobre Él, porque tiene cuidado de nosotros. Incluye una posición que se quiere alcanzar y el tiempo requerido para lograrla.

Luego, cuando Dios te exalta, nace la envidia en el corazón de otros y esa fue la segunda enseñanza de esta serie. La envidia es de las emociones más negadas; es un estado mental que puede llevar a lugares muy oscuros. Por envidia, Caín mató a Abel; Jesús fue entregado y el colmo es que fuera por 30 monedas de plata. Es decir, implica traición, muerte y dinero, pero nadie confiesa tenerla aunque tengan la evidencia de poseerla al ver el éxito de otros.

La comparación desata la envidia

En la parábola del señor de la viña y los obreros contratados a diferentes horas del día, el patrono decide pagarles a todos por igual por la bondad de su corazón; los que fueron contratados de primero envidian el pago de los últimos reclutados, pues recibieron igual salario por su trabajo.[1] El dueño de la viña los probó a todos, a los primeros que contrató al inicio del día y luego al final cuando les pagó su jornal. El problema surge cuando se comparan entre ellos, porque empiezan a reclamar y pedir tratos igualitarios, que no fueron lo ofrecido.

En este segundo caso, se trata de un rey que vino para hacer cuentas con sus siervos.[2] El señor buscaba una buena economía, por eso es importante hacer bien las cuentas del mes, pero acá está hablando de que así es el reino de los cielos. Le trajeron al que le debía 10 mil talentos y no podía pagarle. Ordenó que lo vendieran a él, todo lo que tenía y a su familia. El deudor postrado pedía perdón y tiempo para pagar la deuda y, movido a misericordia, se la perdonó. Al salir, se encuentra con alguien que le debía 100 denarios y lo ahogaba para que le pagara y, como no pudo, lo metió a la cárcel sin escuchar que también le pedía misericordia y tiempo para pagar la deuda. Así es como Jesús dio una cátedra sobre el perdón basada en el dinero.

Eso es una figura que Jesús usó del Reino de los cielos, para decir que lo que Dios nos perdonó era lo que valía la eternidad. Y ahora tenemos una eternidad con el Señor Jesucristo. Gracias a que nos perdonó todo lo que le debíamos. Él fue tan misericordioso y bondadoso que te perdonó para llevarte al cielo, no delante de los verdugos. Sin embargo, la consecuencia era tan seria porque no solo estaba en la cárcel. Ordenó entregarlo a los verdugos. Un verdugo podría significar muchas cosas y enfermedades psicosomáticas derivadas de esa falta de perdón.

Saldos pendientes y reciprocidad

Por lo tanto, lo que compone nuestros males es perdonar. Acumulamos saldos pendientes cuando hemos recibido ayuda de alguien más. Entonces, quizás esa persona que te ayudó no pide algo a cambio y tienes suficiente; no tienes que devolverle nada a él. Pero sigues con un saldo pendiente de pagarle a alguien más.

Si alguien te ayudó a hacer tu casa, busca a otro a quien tú puedas ayudarle a obtener vivienda. Si alguien te ayudó con una beca de estudios, busca un estudiante que necesita apoyo económico en sus estudios. Si alguien te ayudó dándote un trabajo, busca a alguien a quien tú le podrás dar un empleo. Pero tenemos saldos sin pago en esta vida y, quiera Dios, ninguno de nosotros muera con un saldo pendiente.

Hay un saldo pendiente y es de los más delicados; tenemos un enorme saldo de perdón. Si Dios me perdonó una vida de pecado, entonces debo perdón.

El poder del acuerdo

Ahora Jesús hace una de las declaraciones más poderosas que existen, señalando cómo debe ser la armonía entre hermanos[3]. Si dos o tres de ustedes se ponen de acuerdo en cualquier cosa que pidan, mi Padre se las va a dar. Pedro no preguntó cuántas veces me deben perdonar a mí, solo vio la parte de los demás y Jesús dijo hasta 70 veces siete. Eso también es aleccionador.

Lo que Pedro puso en su mente no fue el poder del acuerdo, sino el del desacuerdo y algunas veces nos ocurre lo mismo, pero la clave sigue siendo perdonar y perdonar porque de eso depende el poder del acuerdo y la respuesta a las oraciones.

Perdonamos así como somos perdonados.

En otra escritura, Jesús enseñó algo diferente sobre el perdón: que perdonemos así como también nosotros somos perdonados.[4] Y para enfatizarlo, agrega algo más trascendente: que si perdonas las ofensas de los hombres, también nuestro Padre celestial perdonará las tuyas.

La falta de perdón es lo que más duele, duele por encima de la ofensa. La ofensa duele, pero la falta de perdón te arruina. La falta de perdón es lo que hace que una ofensa permanezca doliendo durante todo el tiempo. Pero cuando perdonamos, soltamos. Así que hay que hacer dos cosas si le pido perdón a Dios. Debo saber y entender que tendré que otorgar perdón. Y si me ha concedido perdón, debo entender que debo otorgar el perdón.

Si nos queremos parecer a Jesús, aprendamos que Jesús vino a darnos vida eterna, otorgándonos perdón. Lo más parecido que existe a Jesús es una persona que perdona. Pero si no perdonas, tú eres más injusto contigo mismo que lo que fue esa persona. Porque no te estás dando la oportunidad de tener una mejor vida. Jesús fue a la cruz; nunca le hizo daño a nadie. Y estando ahí, Jesús dice: «Perdónalos, no saben lo que hacen”. En todos los aspectos de la vida está el riesgo de sufrir traiciones y ofensas.

Finalmente, lo primero que tenemos que hacer es reconciliarnos con Dios por medio de Jesús, porque está en juego la eternidad y no podemos vivir como si no fuéramos a morir. La segunda cosa es vivir perdonando ofensas que nos han hecho, con la decisión de ir a pedir perdón por daños cometidos. Abre la puerta de tu corazón a Jesús como tu Salvador, dile que entre ahora y declara con fe que el día que mueras estará contigo, porque eres una nueva criatura.

Referencias

[1]Mateo 20:8-16 (RVR1960): Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. 10Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. 11Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, 12diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. 13Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. 15¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? 16Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

[2]Mateo 18:23-35 (RVR1960): Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. 26Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. 28Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. 29Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 31Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 32Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 34Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

[3]Mateo 18:19-22 (RVR1960): Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. 21Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

[4]Mateo 6:9-15 (RVR1960): Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

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