En el escenario de la plática anterior de esta serie, Abraham había peleado contra cinco reyes para liberar a su familia y recuperar todas las finanzas que les habían quitado. Este hombre que viene con 318 personas vuelve cansado, viene desgastado de una cruenta y difícil batalla, pero viene con riquezas y una gran victoria en su mano. Y en el camino sale a su encuentro uno de los personajes más misteriosos de la Palabra del Señor, pero de los más poderosos, el gran Melquisedec. Y Melquisedec hace algo distinto a lo que el resto del mundo haría cuando te encuentras cansado. Melquisedec prepara una mesa con pan y vino para Abraham.[1]
Se sentaron a comer y tuvieron una espléndida comunión. En aquel momento especial hay cinco cosas delante de Abraham: una mesa, un lugar de comunión, pan, vino y una bendición; algo que Abraham ya había escuchado de Dios cuando dejó su tierra. Ese era un lugar para recuperar las fuerzas, un lugar íntimo de convivencia.
Pero Abraham tiene que tomar una decisión entre aceptar lo que Melquisedec le dice en aquella mesa o lo que eventualmente el rey de Sodoma le ofrece, que son los bienes a cambio de las personas cautivas que trae. —Quédate con las riquezas y yo te daré bienes a cambio de los esclavos —insistía el rey de Sodoma. Cuando eso ocurre, Abraham ya había estado en la mesa, en un lugar de comunión.
Lo mismo le ocurrió a Moisés cuando Dios les dijo: “Yo no voy a ir a la tierra prometida con ustedes”. Yo los envío, y mi ángel irá con ustedes para que los introduzca en la tierra prometida.[2] En otras palabras, tendrían resultados, lograrían su objetivo, pero sin su presencia. Moisés dijo: Si tu presencia no va con nosotros, déjanos en este lugar.
Y en la vida hay gente que tiene resultados sin presencia de Dios en la iglesia, porque cuando Dios promete darte algo, cumplirá su palabra; pero no quiere decir que Él va contigo. Para que te acompañe, tiene que haber una intención como la que tuvo Moisés.
En esta iglesia te dieron un lugar cuando venías cansado, preocupado de las luchas de este mundo, y te han servido la mesa de la Palabra de Dios y el Vino del Espíritu Santo, con una bendición para prosperar en la vida y vivir para Dios. Y lo más inmenso que esta iglesia ha hecho para ti es servirte en medio de tu desierto. En vez de pedirte algo, mientras llegabas, se te sentó en un magnífico lugar y te dieron pan y vino del cielo, palabras que bendijeron tu vida para que este día disfrutes del espacio donde te encuentras.
¡Gloria a Dios! Abraham se sentó a la mesa con Melquisedec para recibir el pan que representa la provisión diaria para nuestras vidas. Lo segundo que le da es vino. Y la Biblia dice que el vino es representativo del Espíritu Santo, la revelación divina, porque sin ella no entendemos todo lo que Dios nos ha dado y perdemos sus promesas. Pero lo tercero que hizo Melquisedec por Abraham es darle una bendición.
Abraham ya era un hombre bendecido porque escuchó la voz de Dios que le dijo: “Sal de tu tierra… y te bendeciré”. Hay poder en las palabras de un hombre que Dios trae en mi camino y que me dice con palabras audibles lo que ya he escuchado de parte de Dios.
Y por primera vez, Abraham se sienta en una mesa y ve a Melquisedec como ese hombre que declara una bendición sobre él y le dice: «Abraham, hijo del Dios altísimo». Dios va a cuidar de ti, te protegerá y caminará contigo. Cuando Abraham escucha aquella palabra, tiene la reacción correcta que todos debemos tener ante esas tres cosas en nuestra vida.
Y Abraham reacciona dando los diezmos a Melquisedec, siendo generoso. De otro lado, Sodoma negocia: dame esto y te daré aquello. Dios no negocia con nosotros; primero nos da, entrega la bendición, la provisión, la salvación y espera tu reacción. ¡Que tu respuesta sea de generosidad!
La segunda reacción de Abraham ante aquella mesa es una de fidelidad y obediencia a Dios. Cuando le sale al encuentro el rey de Sodoma, Abraham tiene que escoger y declara: “He jurado delante de Dios que no voy a tomar de ti ninguna de estas cosas porque Dios es quien va a prosperar mi camino”.
Una buena mesa debe provocar en tu vida generosidad y luego, agradecimiento, fidelidad y obediencia. En la mesa del rey David hubo un lugar para Mefiboset. Mefiboset se creía un perro, alguien que no servía, pero un día David lo sienta a la mesa y le dice: Tú eres un hijo de la promesa. Tú eres un hijo de Dios y, por lo tanto, debes caminar por el resto de tu vida de esa manera.[3] Entonces, se tiene que levantar en ti una confianza sobrenatural de la conciencia de que eres un hijo de Dios.
En la vida de Jesús aprendemos que los hijos pensamos diferente. Los hijos no suplican, no mendigan, creen lo que son por causa de su propia identidad. Por eso, cuando te sientas a la mesa y sabes que eres un hijo de Dios, tú puedes reaccionar delante del mundo de una manera diferente a la que el mundo reacciona.[4] Jesús envió a Pedro con la comisión de pagar los impuestos para no ofenderlos, pero hizo los pagos milagrosamente. Y aprendí que lo único por lo que los hijos de Dios no debemos estar ofendidos ni ofender es por dinero. A la gente hay que enseñarle a ser generosa porque se han sentado a la mesa y hay que enseñarles a dejar de estar ofendidos por dinero.
Los hijos de Dios que hemos estado a la mesa del Padre, nunca nos ofendemos por lo que tenemos que pagar, aunque parezca injusto, porque nosotros sabemos dónde está la mesa y quién provee para mi vida.
Pedro era pescador, pero Jesús no lo cambia de actividad; le pide que saque dos peces. Ahora era diferente, no los iba a vender; dentro de ellos estaba la moneda de plata para pagar la cuenta que le cobraban. Sin embargo, tendría para pagar y en sus manos quedaban los dos peces que podía comerse. Sobraría para comer y eso mismo te sucederá junto a tu familia; tendrás lo que necesitas porque Dios proveerá y te sobrará.
En conclusión, es bueno soñar que un día vendremos con las manos extendidas y llenas para repartir en muchos lugares, antes que para recibir. Que Dios nos prospere de tal manera que donde quiera que vayamos podamos cambiar nuestra comunidad, y que sea tanta la abundancia para ayudar a otros a iniciar un camino mejor que el nuestro.
Finalmente, pido a Dios que todo el que está escuchando este mensaje reaccione con generosidad, le sea fiel a Dios y adquiera una conciencia de hijo. Este año, cuando traigas tu promesa de fe, no tan solo le darás a Dios lo que le has prometido, también pagarás por ti y te va a sobrar en el nombre poderoso de Jesús.
[1]Génesis 14:18-23 (RVR1960): Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. 15 Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco. 16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente. 17 Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. 21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. 22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, 23 que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram;
[2]Éxodo 33:12-14 (RVR1960): 12 Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. 13 Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. 14 Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. 15 Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.
[3]2 Samuel 9:7-11 (RVR1960): Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. 7 Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. 8 Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo? 9 Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor. 10 Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos. 11 Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey. 12 Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset. 13 Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies.
[4]Mateo 17:24-27 (VRV1960): Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25 Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? 26 Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. 27 Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.
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