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Casa de Dios

Venciendo la envidia

Pastor Cash Luna

21 de julio de 2026

Tiempo de lectura: 5 minutos

Esta serie empezó a enfatizar que somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Somos victoriosos aun en medio de la angustia. Aprendimos que la ansiedad es raíz de muchas deudas por decisiones precipitadas que no llevan a bien. Ya sabemos que nuestro Padre tiene cuidado de nosotros y nos levanta a su debido tiempo cuando nos humillamos bajo su poderosa mano; por eso vivimos confiados bajo su protección.

Revisa las costumbres

La Biblia enseña que aquellas acciones repetitivas de la vida diaria deben estar libres de emociones negativas como la avaricia.[1] Por lo tanto, conviene hacer un listado de nuestras costumbres y reflexionar sobre ellas. Acciones positivas como ser madrugador, hacer ejercicio, dormir lo suficiente y comer saludable nos hacen bien. Pero debemos alejarnos de costumbres nocivas que hacen daño y causan adicción, por ejemplo, la tendencia actual de las pantallas digitales y el ocio móvil en niños y adolescentes que puede afectar el intelecto y ocasionar una esclavitud dañina. 

La escritura también señala que conviene vivir contentos y agradecidos con lo que se tiene porque Dios no nos ha dejado ni nos desamparará, de manera que confesemos que no vivimos bajo el temor del daño que nos pueda hacer el hombre. Si estoy contento, no viviré con ansiedad por el futuro porque la confianza en Dios es raíz de todos los bienes.

Aprende a vivir contento 

Vivir contento es admitir que permanecemos bajo el amparo de Dios y significa ser feliz para disfrutar al máximo lo que se posee. Si no disfrutas cuando tienes poco, tampoco lo harás si tienes mucho. De otro lado, si vivimos protestando por lo que tenemos, el contentamiento se va y la confianza en que Dios habrá de proveer y bendecir, se termina. Por lo tanto, la gratitud cura la ansiedad y devuelve la paz de Dios.[2]

En tanto, el avaro nunca está contento con lo que tiene, porque la avaricia es un afán desmesurado de poseer, especialmente dinero o riquezas, con la única intención de acumularlos para uno mismo con un deseo desmedido de tener más. Estar contento es una actitud interna desde el corazón que trasciende las circunstancias externas. Entonces, el balance perfecto es la confianza en Dios que dijo te bendeciré y eso no es conformismo, porque no confío en lo que tengo, sino en lo que Dios ya me prometió.

La envidia distorsiona el pensamiento

 En la parábola de los trabajadores de la viña se observa que la envidia distorsionó su percepción. Ellos empezaron a murmurar contra su empleador, inconformes con su salario al compararse con los recién contratados, pero no había injusticia hacia ellos, sino bondad del dueño de la viña para otros trabajadores.[3] Por ello, la envidia es una de las emociones más delicadas que existen.

La envidia es un sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee. Esa condición afecta más a quien la vive que al que la despierta, pues el envidioso fabrica la murmuración y la esparce buscando desmerecer las bondades del otro. Recuerda, Dios es bueno y sus mandamientos nos llaman a no codiciar la casa ni las propiedades y la prosperidad de nuestro prójimo. Entonces, en lugar de gastar tiempo en envidia, es mejor invertir tiempo en oración y pedírselo a Dios, siendo sincero con Él. La envidia es escalable, porque cuando envidias lo que otro tiene y llegas a tenerlo, seguirás envidiando a otro y así sucesivamente.

La excelencia puede generar envidia

El trabajo y la excelencia de sus logros pueden despertar la envidia de otros.[4] El menosprecio a las virtudes de otro, hablando mal de él, se debe evitar porque el hombre come del fruto de sus labios. No podemos tener envidia si tenemos un Padre que nos ha bendecido, nos da acceso al trono de la gracia, a la sangre de Jesús, y al lugar santísimo para que confiadamente entremos a Su presencia.

El rey Saúl fue recibido con danzas y fiesta después que David mató a Goliat, pero se enojó mucho contra David por las canciones de admiración que le hicieron las mujeres: Saúl hirió a sus miles, David a sus diez miles. A partir de ese evento vio con malos ojos a David.[5] Las mujeres salieron a recibir al rey Saúl, no a David, pero el enojo y la envidia distorsionaron las emociones de Saúl y cambió por completo, iniciando una persecución sobre David. Las consecuencias de la victoria también pueden cambiar el carácter y la vida de una persona; la vida de David nunca volvió a ser la misma, aunque murió lleno de paz y prosperidad.

La envidia arrastra acciones negativas

La envidia se basa en inseguridad y baja autoestima, denota falta de amor a sí mismo como Dios ordenó y esa es la puerta abierta para que surja la envidia. Es mejor festejar los logros de otros y no seguir la tendencia de críticas como las que se hacen en redes sociales para afectar a los que han sobresalido. Delante de la envidia es difícil mantenerse en pie y desata más emociones negativas.[6]

Los jornaleros tuvieron envidia al compararse con los otros trabajadores y juzgar al señor de la viña que les dio trabajo; Caín tuvo envidia de su hermano Abel y lo mató. La envidia es peligrosa y desata más acciones erróneas. Saca la envidia y vive contento bajo el amparo y la bendición de Dios. Quizá la ayuda que necesitas llegará de parte de Dios cuando el corazón ya esté limpio. Tenemos a Dios de parte nuestra, a Jesús y no hay nada que envidiar porque somos templo del Espíritu Santo.

Una acción insuperable

Jesús fue entregado y llevado a la cruz por envidia.[7] Cuando se junta la amargura con la envidia, incluso una sociedad podría cambiar su futuro para mal. Aunque es terrible ser el envidiado, ser envidioso es un desastre.

En conclusión, la envidia se vence con gratitud, contentamiento y amor; debemos estar contentos con lo que tenemos, sabiendo que nuestro Padre no nos dejará ni nos desamparará. Ninguna difamación pueda quitar ese contentamiento de servir a Jesús; no existe nada.[8] De esa cuenta, la gratitud y la confianza vuelven a ser medicina.

Referencias

[1]Hebreos 13:5-6 (RVR1960): Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré 6de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

[2]Salmos 100:4 (RVR1960): Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre.

[3]Mateo 20:7-15 (RVR1960): Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. 8Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. 10Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. 11Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, 12diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. 13Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. 15¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?

[4]Eclesiastés 4:4 (RVR1960): He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

[5]1 Samuel 18:6-9 (RVR1960): Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. 7Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles. 8Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.9Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.

[6]Proverbios 27:4 (RVR1960): Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?

[7] Mateo 27:17-18 (RVR1960): Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18Porque sabía que por envidia le habían entregado.

[8]Filipenses 1:15 (RVR1960): Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad.

 

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